Mitologías del Abya-Yala: la Coca, Haiu – Kogui

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Compartimos esta historia kogui sobre el origen de la coca o haiu en mitologías del Abya-yala. El uso ritual y ceremonial de la planta sagrada es transmitido y realizado únicamente entre hombres, mientras que la mujer es quien se encarga de cuidar y cosechar la planta. En este mito nos explican el por qué.

 

El País de las Nieves
(extracto)

Introducción Kogui, Ikū, Wiwa

Desde las visiones omniabarcantes del pensamiento tradicional, la Sierra Nevada es la montaña del centro del mundo, un eje en donde existe todo, donde se guarda todo, donde todo comenzó y donde todo terminará. Los indígenas de la Sierra se autodenominan «hermanos mayores» en su condición de guardianes originarios de su propio centro del mundo. Así como existieron las serpientes mayores, los tigres mayores y los pájaros mayores, así existen, según los relatos ancestrales, los hermanos mayores, cuya casa es la montaña mayor, surgida sobre las aguas primordiales por la intención en pensamiento de la Madre Universal. La Sierra Nevada de Santa Marta fue bautizada así por los españoles, quienes alcanzaron las costas del Caribe colombiano menos de una década después de la llegada de Cristóbal Colón a las Antillas.

Pero solo hasta mediados de 1525 –otras fuentes hablan de 1526– Rodrigo de Bastidas fundó la ciudad de Santa Marta en uno de los extremos noroccidentales de las costas adyacentes a la Sierra Nevada, también conocida como Nunjwákala entre los kogui, U’mu–nu–ku–nu– entre los iku– y Ungumaku–na entre los wiwa.

La Sierra Nevada es un gran macizo montañoso de base relativamente estrecha y forma piramidal; casi todos los investigadores la consideran un macizo aislado, aunque algunos ven en ella una «prolongación estructural» de la rama oriental de la cordillera de los Andes. La Sierra Nevada de Santa Marta es la montaña costera más alta del planeta, con elevaciones de hasta 5.77 5 msnm registradas en los picos nevados: Colón y Bolívar. En esas inconmensurables alturas está Chinundúa o Chundua, el lugar en donde al morir se dirigen los hombres y las mujeres que llevaron una vida de acuerdo con la ley de la Madre-Padre, quien lo envuelve y lo conoce todo, desde las esferas más profundas hasta las más elevadas. La Sierra Nevada ha estado habitada desde tiempos muy remotos.

A la llegada de los europeos formaba parte del área intermedia o circumcaribe, junto con el noroccidente costero de Colombia y las vertientes atlánticas de Panamá y Costa Rica –otros mapas del área incluyen las costas de Venezuela hasta la Guayana–. En dichas zonas los flujos y reflujos culturales se han sucedido continuamente, con aportes claves en etapas tan decisivas como el formativo (del 7000 al 1000 a.C.) según estima Reichel-Dolmatoff (1986); para el investigador austro-colombiano, durante el formativo se habrían ejercido importantes estímulos a las áreas de Mesoamérica y los Andes centrales a partir de los desarrollos culturales de la costa Pacífica ecuatoriana y la costa Atlántica colombiana, de donde datan algunas de las piezas cerámicas más antiguas de América (montículo de Monsú: 33 50 a.C.). Con la formación y aparición del conjunto cultural Tayrona adquiere gran protagonismo la subárea cultural de la Sierra Nevada y las costas y llanuras adyacentes; las fechas varían y todavía están en revisión, pero se puede al menos sugerir –siguiendo a Reichel-Dolmatoff (1998)– que aproximadamente hacia el siglo VII y hasta la llegada de los españoles florecieron allí una serie intermitente de cacicazgos, cuyas guerras y alianzas marcaron la formación de un posible Estado incipiente con notables desarrollos urbanísticos y religiosos. Sin embargo, los tayrona fueron solo uno de los grupos que habitaban la zona a la llegada de los españoles. Algunas fuentes etnohistóricas permiten pensar que se trataba de un grupo afín pero diferente al de los antepasados directos de los kogui. Aun así, es evidente que entre los antiguos teiruna o tayrona y los actuales kogui o kágaba existe una cierta continuidad. Los kágaba le contaron a Preuss (1993[1926]) que de los tayrona aprendieron «la educación de los mamas». Desde 1987, los wiwa, kogui e iku– se han agrupado en la organización Gonawindúa Tayrona. Lo «tayrona» tiende a convertirse en esencia cultural y fundamento de antigüedad para los actuales indígenas de la Sierra Nevada de Santa Marta.

Miguel Rocha Vivas


Mito

La coca-haiu

Relator: Seye Ababi Mako
Chaves Chamorro, M. (1947) Mitología Kágaba en Boletín de Arqueología, vol II # 5-6 Bogotá.

En un principio no había haiu (coca); los indios tenían mucha hambre; entonces Sintana pidió haiu a la Magri. Allí donde vivía la Magri estaba una mujercita pequeña a quien Sintana trajo y la convirtió en mata de haiu. Nuaniskague, hijo de Sintana, la sembró en un tronco; cuando la planta creció, cogieron la semilla y la trajeron a Taminaka en Palomino; allí, en un plan muy bonito, se sembró la coca.

La Magri fue la primera que comió poporo; entonces ella tenía su casa ceremonial (Kansa María); un día Sintana fue a cocinar por mandato de la Magri pero no quedó bueno; la comida estaba fea; entonces Sintana fue a coger coca y luego vino a cocinar, pero también poco quedó bueno. La Magri fue a coger coca y luego cocinó y todo quedó muy bueno. Ella antes de que cogiera coca tenía bigote, pero vio que no le quedaba bien y se lo quitó. Entonces Sintana ordenó a los hombres que no cogieran coca porque la mata se seca, sino que deben hacerlo únicamente las mujeres y también dijo que las mujeres no coman coca porque les duele el estómago, tendrán diarreas y dolores de muela. Así mismo, dijo que el hombre no comería coca antes de su bautizo, pues el mama debe bautizar y entregar la coca, el calabazo, el palito para llevar el mambe a la boca y el chipi-chipi (conchas para la cal). También coma coca cuando se encuentre reunido en la casa ceremonial, para que oiga los consejos y converse con sus compañeros.


*Aquí el comportamiento ritual se explica y afianza por referencia a los orígenes. Se trata de un característico relato de mama. La Madre fue la primera que comió poporo, es decir, que mascó ritualmente el hayo (coca). Pero lo andrógino de la Madre se resuelve una vez se especifican las funciones y comportamientos de sus hijos e hijas. Algunos autores indican que el episodio de la Madre que entrega el control a sus hijos puede sugerir el paso del matriarcado al patriarcado (al parecer, el nahuanje, periodo arqueológico anterior al tayrona, presenta muestras cerámicas con más énfasis en las figuras femeninas). Originalmente el hayo es una mujercita pequeña, como también lo fue la Luna según los kogui. Como en otros relatos, la deidad se sacrifica para dar origen a algo que será muy beneficioso en el desarrollo y afianzamiento de la vida.


Notas y Recopilación:

Miguel Rocha Vivas ©
Antes el Amanecer: Antología de las Literaturas Indígenas de los Andes y la Sierra Nevada de Santa Marta
Biblioteca Básica de los Pueblos Indígenas de Colombia Ministerio de Cultura, 2010 ©

 

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Mitologías del Abya-yala: el origen de la coca – uitoto

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Samuel Torres Fariratofe, chaski del pueblo Uitoto, nos comparte su canto y su palabra en esta serie de videos. El primero es el canto ceremonial de la Coca, jïbina y el Tabaco, dïona.

Mambe y Ambil en la tradición amazónica de los Uitoto
(extracto)

"Toda pareja se constituye en una unidad que a su turno ha de encontrar su par. Así, el polvo de hojas de coca tostadas y piladas –lo simple– ha de ser mezclado con las cenizas de las hojas secas del Yarumo (Cecropia spp.) –igualmente simple– para obtener el mambe, el producto final apto para la consumición. El mambe se acompaña normalmente con su pareja: el tabaco líquido o pastoso (yera). Este elemento ritual resulta de un largo proceso en el cual las hojas de tabaco son sometidas a cocción hasta obtener un líquido espeso, al que suelen agregársele varias substancias (mucílagos) para darle consistencia. 

Pero el principal agregado, la compañera inicial del tabaco, es la «sal vegetal»: se obtiene quemando diversas partes (raíces, espinas, cogollos, cortezas, inflorescencias, y en ocasiones el ejemplar entero) de algunas especies escogidas de acuerdo a propósitos rituales diferenciados. Las cenizas se colocan en un colador, se agrega agua para luego cocinar la mezcla y obtener, después de la evaporación total, una substancia blancuzca. Este producto se agrega al tabaco líquido: es su pareja. Coca, procesada y mezclada, y tabaco, procesado y mezclado constituyen en su junción el soporte de la palabra ritual: «palabra de mambeadero», en donde toda la fuerza del origen se hace apta para la tribu mediante el sabedor-puente, quien echa sobre sus hombros el trabajo formidable de reunir lo disperso y afrontar lo uno en sus viajes chamanísticos a las raíces del mundo y del tiempo."

Fernando Urbina Rangel


Mito

Origen de la Coca
El Don de los Dioses

Relator: Abuelo Jitoma Zafiama
La Samaritana, Putumayo, 1971

Después de las inundaciones no quedó nada porque todo fue barrido por el agua; solo quedó un hombre llamado Buinaima.* Al verse solo, él buscó la manera de restablecer la humanidad, que había desaparecido del mundo donde existiera tiempo atrás, porque él sabía que antes de las inundaciones existieron gentes buenas que poblaron la tierra y que habían desaparecido desde el castigo Juzíñamui.** Buinaima se trasnochaba mucho haciendo invocaciones*** a Juzíñamui, pero la inteligencia no le daba más allá de donde él quería y el esfuerzo le causaba mucho sueño. Fue así como buscó la manera de vencer el sueño y para que se le abriera la inteligencia comenzó a indagar.*

Buinaima comenzó a tostar hojas de varias matas, como de maraca y cacao, ñame, ortiga o pringamoza, yuca y otras de monte.** Después de tostar se puso a pilar, luego a cernir en una talega fabricada con tela de corteza, y luego se puso a mambear en polvo. Con eso pudo dominar un poco el sueño, pero no le valía nada, porque no le abría la inteligencia y no encontraba lo que buscaba cuando hacía invocaciones.

Al ver que no le servía de nada, buscó por la orilla de los ríos la «coca de la boa» y con esta pudo ver un poco, y la sabiduría le estaba llegando y con eso seguía haciendo invocaciones y aguantaba el sueño. Ya el espíritu le conversaba por medio del sueño, pero no le revelaba todavía aquello que él quería. Entonces le nació una niña y le puso el nombre de Buinaiño, que quiere decir «Madre de los hombres».* Esta niña fue la coca. Así llegó; ahora vamos a ver cómo se vio la mata.

La niña iba creciendo. Cuando estuvo grandecita fue con la mamá a la chagra. Al llegar se sentó sobre un palo que había en la mitad, se sacudió y peinó los cabellos y dejó caer unas liendres. Sembró así la coca, porque ella sabía que eso era lo que le faltaba a su padre. Fue de esta forma como nació la coca. La niña fue la dueña de la coca, por eso nosotros cuidamos la coca como cuidar a una hija; si maltratamos la planta nos enfermamos.

Ella, al volver al otro día, se dirigió al lugar sembrado y notó que había nacido una matica. Muy contenta se puso la niña porque vio crecer lo que el mundo necesitaba para combatir el mal y tener al mundo sano y a la gente honrada. Pero ni la mamá ni el papá sabían por qué estaba tan contenta, pues la niña no decía cuál era el motivo de su alegría. Era un secreto que no podía revelar a nadie hasta que ella viera vencer el mal.**

Al volver por la tarde llegó a la casa muy contenta y le dijo al papá:

–Papá, hazme unos canasticos para yo cargar.

Y el papá le contestó:

–Bien, hija. Los haré para que ayudes a tu mamá a traer yuca.

Terminado el canastico se lo dio a la niña, que se puso muy contenta y al otro día se fue con la mamá para la finca, al lugar donde estaba la coca; allí encontró la mata con tres hojas. Ella las cogió y las puso en el canasto. Por la tarde regresó con la mamá a la casa llevando la coca dentro del canasto, y le dijo al papá:

–Papá, hay que poner la olla más grande*** y tostar la coca que te traje. Te he visto comer coca que no se debe comer, porque de estas hojas solo comen los animales. De hoy en adelante mambearás buena coca y verás y aprenderás muchas cosas, porque es un don de dios para salvar la humanidad.

Con estas palabras Buinaima se puso muy contento. Colocó en el fogón la olla y cuando estaba bien caliente le preguntó a la niña:

–¿Dónde está la coca?

Y la niña contestó:

–Al pie del pilón que tú manejas y en el canasto que tú me hiciste.

Rápidamente buscó la coca pero no encontró sino tres hojas desconocidas y dijo:

–Aquí no hay sino tres hojas. ¡Qué es esto para semejante olla! Más vale poner una chiquita en lugar de una tan grande.

Y dijo la niña:

–No desconfíes y ponte a tostar en nombre de Juzíñamui nombrando a toda la gente que existió en el mundo así: la coca que comía bora, ¡venga aquí! La coca que comía okaina, ¡venga aquí! La coca que comía gïdonï, ¡venga aquí…!*

Y así siguió nombrando todas las cocas. Así fue como Buinaima comenzó a tostar, y cuando tostó bien ya estaba llena la olla. Fue el primer milagro de la coca, que con tres hojas llenó la vasija. Después preguntó Buinaima qué mezcla se ponía, y ella dijo que fuera a la quebrada, que allí había un palo de yarumo, que la hoja seca se quemaba y la ceniza se debía mezclar con la coca pilada.

El papá fue a buscar las hojas, pero en el lugar indicado solamente encontró un gavilán grande. Volvió a la maloca sin nada y la niña le dijo:

–Esa es la hoja, no es ningún animal. Agarra una vara y ¡bájala!

Volvió el papá e hizo como le había indicado la niña y trajo la hoja.**

Así fue. El hombre comenzó a comer la coca buena. Ya el hombre se sentó más firme y buscó lo que quería; y encontró. Y comenzó la invocación a Juzíñamui. El señor le dio el poder para dominar el mal en la tierra. Se presentó el espíritu, le reveló todo y le dijo:

–Tú puedes recobrar lo perdido, lo que tanto has buscado. Lo encontrarás.

Ya con esa buena coca comenzó a pensar para que todo saliera bien en el futuro.

Buinaima vivía en su maloca siempre invocando a Juzíñamui y este le revelaba todo lo que él deseaba. Comenzó a hacer Bailes de Frutas [Yuaï] para aumentar las gentes que venían naciendo. Cuando ya hubo mucha gente llegó la envidia sobre Buinaima. Resulta que se supo que Buinaima mambeaba coca y venían gentes de todas partes para conocer y comer la buena coca.

Había en ese entonces un capitán de grupo. Ese capitán se llamaba Buruziema [jefe de los búhos]; él llegó a saber y mandó a uno de sus huérfanos por la coca. Este se fue bien tranquilo creyendo que la traída era fácil. Cuando llegó donde Buinaima, como a las ocho de la noche, dijo:

–Tío, ¿estás?

Buinaima le contestó:

–Sí, estoy.

Luego el concertado dijo:

–Mi capitán me mandó a llevar coca.

Contestó Buinaima:

–Sí, yo tengo coca, buena coca.

El concertado, pensando que ya le iba a dar, se quedó muy contento. Entonces comenzó Buinaima a contar todas las historias del mundo hasta la madrugada y por último dijo:

–Pues yo no soy el dueño de la coca. La verdadera dueña es mi hija, la que está dormida en esa hamaca. Si vienes a llevar entonces tendrás que llevarla a ella. No debes afanarte; si quieres puedes ir a dormir con ella* hasta que amanezca y mañana se van. Convencido el hombre al ver a la muchacha tan bonita, se quedó. Y cuando él fue a dormir, ella se levantó y se fue a bañar. Él permaneció en la hamaca de la muchacha y se quedó dormido.

Ese día se fue la muchacha a la chagra de nuevo con la mamá y trajo más coca. Y ese mismo día el capitán de los buru, al ver que no llegaba su huérfano, mandó otra comisión. También llegó con las mismas palabras, como la vez anterior y Buinaima los recibió de la misma manera.

Así fue mandando más y más comisiones y todo el que iba no regresaba pues se quedaba en la casa de Buinaima amañado y oyendo los cuentos y consejos que dictaba. Buinaima se volvió como un maestro de escuela, hasta que se quedó sin personal el capitán de los buru. Ya todo el personal* estaba al lado de Buinaima.

Buruziema, por último, resolvió ir solo en busca de su gente y de la coca; entonces le dijo a la mamá que se quedara en la casa cuidando hasta que él volviera. Ella le dijo que no fuera porque todo su personal había ido y no había vuelto. Sin embargo él le replicó que se iba y que regresaría dentro de cuatro días, y se fue en busca de su gente. A los dos días llegó a la casa de Buinaima y lo encontró rodeado de su personal oyendo los cuentos. Uno tostaba las hojas de coca, otro las pilaba, otro quemaba las hojas del yarumo para obtener la ceniza que otro mezclaba con la coca pilada, y uno más cernía la mezcla mientras que todo el resto del personal contestaba las preguntas que hacía Buinaima.

Llegó el capitán de los buru y dijo:

–Tío, ¿estás?

Buinaima contestó:

–Sí, estoy.

–Vengo por tus cosas y por mi gente.

Dijo Buinaima:

–Sí, yo los tengo, ahora los llevas.

Comenzó a hablar Buinaima con Buruziema y este preguntaba a todos. A lo último Buinaima dijo que aquel que se llevara a la hija tenía que ser un hombre muy capaz de todo. Así tuvo a Buruziema durante tres días con sus noches sin descansar. Ya sin comer, el capitán de los buru se enflaqueció. Buinaima por último sintió lástima y le dijo:

–Yo no tengo ninguna coca. Si quieres puedes llevarte a mi hija, porque ella es la dueña de la coca, pero te aconsejo que no vayas a jugar* con ella por el camino, ni siquiera vayas a mirarla. Ella es muy juguetona y tentativa [seductora]. Cuando llegues a tu maloca puedes hacer lo que quieras con ella, de otro modo no.

Fue así como a los cuatro días, el papá dijo a la hija que se alistara para irse con el hombre que venía a llevarla. Alistó todo y se fueron.

Buruziema viajaba en canoa. En ese entonces tomó el nombre de Juma.** Ella por el camino iba jugando, haciendo tentación y él le decía que no molestara, pues tendría tiempo en la casa para jugar. Al aproximarse a la casa se le olvidó el consejo del suegro y creyéndose seguro, volteó a mirar.

Cuando miró nuevamente hacia el frente, ella se tiró al agua y regresó a la maloca de Buinaima diciendo que si ese hombre la venía a llevar de nuevo, no iría más con él pues él la había tratado muy mal.*** Juma, creyendo que ella iba detrás de él, se fue a la casa, donde su mamá lo esperaba. Él volteó a ver cuando llegó y ella ya no venía; regresó a la canoa, pero tampoco estaba ni se veía río abajo. Regresó a alcanzarla y no pudo. Donde ella iba poniendo las manos quedaba la coca verde, por todos los ríos, por todas las lomas. Él siguió buscándola hasta que llegó de nuevo a donde el suegro. Al llegar vio a la muchacha y dijo:

–Suegro, yo vine a llevar esa muchacha que se ha devuelto.

Ella insistió en no ir. Por último Buinaima dijo: –Yo no tengo más hijas. Ya te llevaste la única y la trataste mal. No cumpliste con mi recomendación.

Juma, furioso, dijo que si no le entregaba a la hija era porque el propio Buinaima la quería para mujer* y se puso a lanzar maldiciones. Entonces el cacique terminó echándolo de la maloca con ayuda de sus concertados, los antiguos huérfanos de buru.

De todas maneras Juma se quedó escondido por ahí.

A media noche, después que Buinaima acabó de hacer, mandó a que regaran los afrechos** afuera diciendo:

–¡Abuelo, para usted! Esta es su parte.

Entonces Juma cogió los afrechos, se los restregó en las canillas*** y se fue a su maloca.

Cuando llegó, no encontró a la mamá. Ella estaba en la finca llorando por su hijo que no volvía. Entonces, al no verla en la casa, Juma maldijo a la mamá y esta se volvió turida, un gavilán que anda haciendo tapias. Él se convirtió en garza que anda por la orilla de los ríos. Por su parte, Buinaima escogió la gente para enseñarle bien. Así, colocó aparte a dos hombres bonitos, mientras que a otros dos los encerró debajo de la olla grande porque no lucían. A los demás los maldijo, así: a un animal verde lo echó afuera, ese se llama jéruki, un pájaro que cernía la coca y como le caía polvo encima quedó de ese color. A uno de los que comía demasiado lo volvió íyïipuitiño y al otro ámuiyïkï****; por eso son cachetones.***** A los dos más bonitos les enseñó bien, mientras que los otros permanecían presos debajo de la olla. Por último, les hizo preguntas. Meï, un pajarito de color azul, no le contestó nada. Gódobie, pajarito de color verde, tampoco le contestó nada. Entonces les dijo:

–Como son tan brutos andarán por la selva sin saber [decir] nada.*

Entonces le abrió a Júayima, y este dijo:

–A mí no me enseñó nada, ¿qué puedo yo contestar? Solamente hablaré como loco.

Volvió y abrió a otro, a Zírogoma, también conocido con el nombre de arrendajo. Este dijo:

–A mí no me enseñó nada; me tenía encerrado. Digo que hablaré como los pícaros.

A estos dos Buinaima los felicitó y les dio el poder de remedar toda clase de voces. Fue así como se conoció la coca. Con ella se hacen bailes y trabajos y sirve para cualquier enfermedad y para cuidar a los hijos, pero no para hacer mal a nadie. Fue el consejo de Juzíñamui.


* «Hombre del agua», o mejor: «Dueño (-ma) del agua primera (buina)».

** Debido a una extensión en el uso actual de este nombre, adoptado por los misioneros tanto católicos como protestantes para referirse al dios cristiano, ha terminado por asumirse en él las diversas facetas del padre (Moo). En la tradición más estricta, Juzíñamui sería la fuerza (energía cósmica) en su papel de justiciera que castiga con violencia. De ahí este personaje o, mejor aún, el rol, sea simbolizado por el sol sanguinolento del crepúsculo: sol violento, caníbal, cortador de cabezas.

*** Ver el relato supra en que se habla de «El diluvio y el origen de los bailes», cuando Buinaima hace invocaciones al dios para poder rehacer el cosmos. El presente relato desarrolla tal episodio. Es un ejemplo para mostrar cómo los mitos se explicitan en la red de variables que van constelando. Episodios que no se expliquen o desarrollen suficientemente en un mito, si son importantes, son desarrollados en otro. En las estructuras en red –como el universo o el cerebro– el centro puede estar en cualquier parte del conjunto.

* Este indagar equivale a buscar en la tradición. Los héroes culturales (y lo son por establecer paradigmas) también recurren al recuerdo, pues en último término se extrae la tradición guardada en el Abuelo-canasto (el primer ancestro, el Padre de la trilogía) los elementos que se ajusten a la coyuntura. Esta ha sido prefigurada en las «palabrasaire» (jagïyï uai), formas (ideas) a la manera platónica, aun sin concreción. La materialización la lleva a cabo el héroe, quien hace pasar las palabras-ilusión al plano de lo fáctico. Los abuelos recurren al modelo fijado por el héroe, pero cuando esta operación resulta insuficiente, retrotraen los orígenes más remotos donde se dan todas las formas en estado de pura ilusión, solo aire, solo palabras sin lo fáctico de la obra. Lo más fácil, por tanto, el recurso inmediato y común, es indagar primero en las historias de los héroes (ïïgaï o bakakï, Cf. Yépez, 1982: cap. ii: Urbina, 1982: 5-5); pero es más radical hacerlo en la historia primordial (rafue) en la cual figuran los tres demiurgos primigenios: Madre, Padre e Hijo. Luego vienen personajes secundarios, mediadores entre las fuerzas primordiales y los hombres (uno de ellos Buinaima), que se asimilan a los héroes culturales. Estos segundones son llamados comida por los uitotos y muinanes, por ser este el resultado final del obraje cósmico; de ahí la expresión «esto es comida para mí» para decir que una operación, sobre todo un ataque o dificultad que tenga que ver con el manejo de la tradición, es sencilla, manejable. Y lo es cuando se trata de algo que tenga como paradigma un ser o acción de las etapas próximas a la aparición de la humanidad, que es precedida de un largo y arduo proceso diferenciador a partir de la fuerza primordial caótica. Desde luego esta fuerza conserva toda la potencia de lo germinal y, obviamente, «no es comida», y si lo fuera sería demasiado fuerte. Se dice también que un sabedor «come palabras», y ha de prepararse para ello; de no hacerlo gradualmente, resultaría un continente (canasto) que se perjudicaría (rompería) al no poder contener la tradición más profunda (pesada: el jabo rafue).

** Maraca, Theobroma bicolor hb; cacao, Theobroma cacao l; ñame, Dioscorea alata l; ortiga o pringamoza, Urera baccifera l; yuca, Manihot spp.

* El los mitos el uso no lineal y continuo del espacio y el tiempo permite a un mismo personaje aparecer en algunos episodios como hijo de alguien y en otros como su consorte; la fuerza (que es una, en el fondo) se manifiesta de manera diversa según las necesidades y circunstancias. En rigor, los conceptos de espacio y tiempo no serían condiciones sino subsidiarios de esta concepción de las manifestaciones de la fuerza. Buinaiño es la Madre primordial; buina es «agua primordial», y –ño es la partícula que indicar el género femenino.

** Los procesos creadores deben permanecer secretos ya que los enemigos de los hombres (la «anticultura», representada por los animales, opositores en la dialéctica cósmica) pueden echarlos a perder. Solo cuando estén consolidados pueden hacerse públicos. Así lo hace Buinaima cuando empieza a ofrecer a otros el don que ha recibido.

*** En la actualidad los uitotos utilizan el budare (tiesto) para tostar las hojas de coca, e incluso ollas de aluminio. No fue así en el pasado, cuando se fabricaba un ceramio especial para tal efecto.

* Nombres de linaje o etnias relacionadas o incluidas entre la uitoto y la muinane.

** La hoja de yarumo (Cecropia spp.) es asimilada a una pata de gavilán. Su ceniza se mezcla con las hojas piladas de la coca para luego proceder a cernir. La presencia de carbonatos hace posible asimilar a través de las mucosas bucales dosis ínfimas de la cocaína disuelta en la saliva (ver inicio del mito n° 7). Sin esta mezcla no se podría volar como gavilán (ave chamánica).

* Se insinúan actos copulatorios; más adelante aparecen muy explícitos en el relato. En la preparación y consumición de la coca se dan implicaciones sexuales: se visualizan en actos tales como el triturar las hojas en el mortero (vagina) con el pilón (falo).

* Este personal está compuesto por los huérfanos (jaïenikï) que se hallan bajo la protección Buruziema. Prefieren a Buinaima porque les brinda mayor amparo al transformar su naturaleza nocturna en diurna; además sus palabras son seguras, más fuertes, primordiales, y están respaldadas con la concreción de las mismas: la coca. Es factible ver en estos huérfanos acogidos por Buinaima la simbolización de procesos de tránsito hacia la sedentarización por parte de integrantes de grupos nómadas.

* Eufemismo para referirse a «copular».

** La garza blanca (Ardeidae) ambula por las orillas de los ríos. Es asimilada al «hombre blanco» que «viene a llevarse las cosas del indígena». Esta connotación es tardía, desde luego. Como se ha dicho, en la mítica los relatos se van llenando de nuevas significaciones de acuerdo a las necesidades coyunturales; igualmente por falta de uso (cambio de un utensilio, por ejemplo), las antiguas pierden vigencia y se van cancelando.

*** No fue impecable; no se atuvo a las dietas rituales (abstinencia sexual) que permiten finalmente el manejo correcto de los seres y las cosas.

* Esta acusación es la peor ofensa en una sociedad regida por normas estrictas de exogamia.

** Desechos del cernido de la coca.

*** Razón por la cual esa variedad de garza tiene las patas verdes (como los afrechos de la coca) y su flacura atestigua el hambre que Juma aguanta en el coqueadero. Esta fórmula ritual «¡Abuelo, para usted!», se pronuncia al final de la sesión nocturna en que se prepara la coca, cuando se arrojan fuera de la maloca los afrechos (venas) de las hojas que, al no reducirse a polvo, no se deben mambear. Se trata de retornar a lo exterior (selva) el remanente del proceso ritual (cultural: dentro) efectuado en la maloca; restos que son naturaleza no transmutable en cultura y han de volver a su lugar propio. El Abuelo denota a un «dueño de la selva» que según el mito es «dueño de animales» (búhos).

**** Hormiga arriera, Atta spp.; y libélula, Libellulidæ.

***** Rasgo morfológico más bien referido a los ojos prominentes, que le da la apariencia de estar mambeando (carrillos llenos), pero con mayor propiedad equivale a «mirando a todos lados», distraído.

Pájaros de vistosa librea pero sin canto hermoso o con mudez. Distribución compensatoria de los dones: los feos cantan bellamente; los mudos (o con canto desapacible) son bellos. El episodio también simboliza la transmisión del saber humano: no siempre quien parece el más indicado y es centro de atención resulta el mejor depositario del saber. Los ejemplos abundan tanto en los mitos como en la vida cotidiana. Suele suceder que uno de los hijos menores del preceptor –o uno de sus huérfanos– resulte el verdadero depositario, continuador y trasmisor, e incluso complemente el saber. El Abuelo muinane don Noé Rodríguez cuenta cómo a él lo graduaron (conferir el poder, consagrar), mientras que a otros que asistían también a las enseñanzas y se destacaban por sus atuendos rituales no. Se concreta la formulación mítica: los bellos (adornados, que aparentan) no saben; los feos (no adornados, desapercibidos) saben. Ocurre que el hijo menor es mejor depositario por una doble razón: a) Pasa desapercibido y es por tanto más libre (los enemigos no centran su ataque en él); y, b) Sus progenitores, más viejos, están mejor preparados y pueden ser más cuidadosos en la educación. Así, los huérfanos y los segundones pueden llegar más lejos y generar su propio ciclo ritual generacional. Hay maneras para acceder al saber-poder distintas al simple derecho de herencia del aprendiz que recibe del padre preceptor el conocimiento sistematizado, desde las muy secretas formulaciones familiares en donde se encuentran las defensas más potentes, hasta el cúmulo de informaciones compartidas por casi todos los linajes (cultura general). Estas otras vías de acceso dependerán del esfuerzo del interesado, quien bien puede elaborar un corpus más poderoso que el detentado por los herederos propios, pero confiados o descuidados, de un gran sabedor. El encierro a que son sometidos los pájaros sabedores, recuerda rituales en los que el joven aprendiz era encerrado en una construcción provisional dentro de la maloca. Estos encierros simbolizan, por lo general, el retorno al ámbito germinal donde se cosecha el saber fundamental. Este ámbito es visto como fondo de canasto.


Notas y Recopilación:

Fernando Urbina Rangel ©
Las Palabras de Origen: Breve Compendio de la Mitología de los Uitotos
Biblioteca Básica de los Pueblos Indígenas de Colombia Ministerio de Cultura, 2010 ©

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La crisis como Resiliencia: recomendaciones de cine clásico para la cuarentena

Como chaskis, mensajeros de la palabra de vida, la palabra ancestral y originaria de pueblos, tradiciones y culturas, queremos enviar un mensaje de resistencia a toda la familia humana. Queremos seguir pensándonos en colectivo en medio de tanta individualidad. Queremos seguir creyendo en la visión de los abuelos y abuelas que, sentados alrededor del fuego desde tiempos antiguos, tejen para las futuras generaciones una nueva realidad. Queremos transmitir la fuerza de cada madre que sigue gestando y pariendo la vida; de cada guerrero danzante; cada rezo y ceremonia que se levanta en todos los puntos de la Madre Tierra, para sostener el delicado equilibrio de su vibración.

Las últimas semanas han transcurrido, vertiginosamente, con una serie de noticias circulando en los medios de comunicación masiva que han causado, ante la realidad circundante, reacciones, suposiciones, mitos y algunas verdades sobre la emergencia global, que ha suscitado la aparición de un nuevo virus mortal, el COVID-19 declarado como pandemia por la (OMS) Organización Mundial de la Salud.

Todo está ocurriendo tan rápido que muchas personas han tenido dificultad para comprender la gravedad del asunto y tomar ciertas medidas recomendadas por las autoridades competentes, para evitar así la propagación de la enfermedad y la crisis en el sistema de salud que en algunos países europeos llegó al total colapso.

Mientras tanto, en los territorios ancestrales de nuestro continente Abya-Yala, la tardía llegada del virus ha encendido las alarmas dejándonos, a su vez, un poco de ventaja sobre la posibilidad de mermar el impacto que esta pandemia pueda llegar a tener sobre nuestros países y comunidades.

En Colombia, muchos pueblos originarios se han pronunciado frente a la emergencia y la necesidad de aislarse, pues es necesario velar por el cuidado que deben tener frente a la situación de riesgo que viven y la alta población de mayores, quienes son además los últimos guardianes de sus lenguas y conocimientos ancestrales, tradicionales y espirituales.

 

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Foto: cortesía de la Yachaywasi del Cabildo Yanakuna de San Agustín, Huila, Colombia.

 

Sin embargo, la realidad que se respira en las ciudades no es la misma que comunidades y familias en zonas rurales deben asumir. En mayor o menor medida, el sinnúmero de situaciones difíciles son ahora acrecentadas por el actual panorama de aislamiento obligatorio en las ciudades. Pero también existe un alto porcentaje de habitantes de la calle, desplazados y población vulnerable que, en medio del pánico colectivo, es fácilmente olvidada.

Por tanto, no estamos solo ante una inminente crisis para quienes acceden a las comodidades de su hogar, desde donde el internet y otros recursos nos permiten reinventar horarios laborales, jornadas educativas, relaciones sociales y hasta pasatiempos. La diferencia está en que para unos más que otros, los que siempre han tenido que resistir a las dificultades de la pobreza y la marginalización, la resiliencia es algo casi inherente a sus maneras de existir.

Ser resiliente es la capacidad que todo ser vivo tiene para superar condiciones traumáticas o de amenaza a su supervivencia. Como ejemplo, la Tierra, ese gran ser vivo que a todos nos sostiene, es nuestro mayor referente de resiliencia. Después de todo, la extracción, la basura, contaminación, transformación del entorno, alteración del campo electromagnético (5G) y todo lo que hemos inventado como seres humanos, no ha logrado que la Tierra deje de rotar con soberanía sobre su propio eje. Ella, como una madre enseña a sus hijos con el ejemplo, nace y muere cada día con el Sol.

Sabernos capaces de coexistir con la muerte es lo que nos permite tener una consciencia profunda sobre la vida y nuestro atemporal presente. Y aunque esto parezca salido de una novela de ciencia ficción (descargar el Año del Diluvio de Margartet Atwood), en tiempos donde todo está dado casi que por sentado; donde tenemos facilidades de acceso a casi cualquier cosa; donde lo sagrado se convierte en una transacción banal y los espíritus de la naturaleza son vistos como recursos limitados, se nos obliga a re-pensar en la capacidad de resiliencia que existe en cada uno de nosotros.

Nuestra invitación es a conectar con ese lugar oscuro de donde todo emerge, a vivir estos tiempos caóticos con la certeza de que necesitamos dejar morir y renacer mucho de lo que hasta hoy habíamos creído inamovible, certero y sólido; dejarnos diluir por la incertidumbre, guiados por el conocimiento interior de que somos parte de un proceso mucho mayor a la realidad personal que vive cada uno. 

Que sea ésta una nueva oportunidad para que el arte, en todas sus formas, nos ayude como herramienta de transformación. Aquí les compartimos algunas recomendaciones cinematográficas que nos parecen imperdibles para estos primeros días de cuarentena.

Clásicos

Para esta primera selección hemos querido compartir 3 clásicos que nos parecen temáticamente interesantes para reflexionar sobre los días de cuarentena. Cada uno a su manera refleja momentos de la humanidad azotados por miedos colectivos, histerias, pánico, muertes, pestes y eventualidades que sumergen a los humanos en condiciones aterrorizantes.
Afortunadamente todas se encuentras disponibles haciendo click en los enlaces.

 

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Nosferatu, Phantom der Nacht (1979) 
Director: Werner Herzog

En el marco del FICCI 2020, Festival Internacional de Cine en Cartagena, la visita de Herzog era un esperado encuentro por todos los amantes y conocedores del cine, evento que tuvo que ser suspendido debido a la reciente restricción de eventos masivos en Colombia. Nosferatu, basada en el clásico de Bram Stoker, Drácula, es quizá su película más recordada que además del terror y el vampirismo, su tema transversal es la llegada de una peste que arrasa con la ciudad y una cantidad alarmante de vidas. En la película, la palabra Nosferatu significa agente transmisor de enfermedades o el que trae la peste. Retrata un ambiente terrorífico, donde la gente tiene miedo de acercarse a Nosferatu, las historias del mal se esparcen de boca en boca y el miedo colectivo crece, esparciendo el mal.

 

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El Ángel Exterminador (1962)
Director: Luis Buñuel

Para estos tiempos de cuarentena, en el encierro obligatorio (o en algunos casos voluntario) esta película del director surrealista Luis Buñuel se convierte en un clásico necesario. En la reseña de esta obra se describe el misterioso encierro de un grupo de personas de la burguesía mexicana, quienes, sin saber por qué, no pueden salir de una casa a la cual llegaron a una simple recepción. Las personas por fuera de la casa tampoco pueden ayudarlos a salir y así transcurren los días, revelándolos como son, exponiendo sus instintos mas bajos y el desespero que, poco a poco, los enloquece.

 

 

el septimo sello 212x300 - La crisis como Resiliencia: recomendaciones de cine clásico para la cuarentenaEl Séptimo Sello (1957)
Director: Ingmar Bergman

—¿Quién eres tú?
—La muerte.
—¿Es que vienes por mí?
—Hace ya tiempo que camino a tu lado.

con este impactante diálogo comienza esta obra maestra de Bergman, ambientada en la europa medieval de los tiempos de la peste negra. En tiempos actuales, la pregunta filosófica por la muerte es tan pertinente como lo ha sido siempre y en esta película es su protagonista. Como dice el Libro del Apocalipsis, de donde surge la inspiración de este film, "al abrir el séptimo sello, se hizo silencio en el cielo..." y así nos muestra con gran maestría la guerra, el hambre, el sufrimiento y todo lo que conlleva la gran peste que abatió a la humanidad en su momento.

 

comparte con nosotros los temas de tu interés (cine para niños, ciencia ficción, drama, terror, documental, cine noir, dogma 96, etc) para tenerlos en cuenta en próximas selecciones
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¿Qué es poema? – Lorenzo Gil Gill

iconos 01 - ¿Qué es poema? - Lorenzo Gil Gill
Iniciamos el 2020 alimentando nuestro blog Tejidos Textuales con un hermoso poema escrito por uno de nuestros colaboradores: Lorenzo Gil Gill indígena de la nación Wiwa (Arsario), Sierra Nevada de  Santa Marta, que reside en Bogotá donde escribe, estudia y desde donde realiza numerosas actividades vinculadas con el turismo sostenible en su territorio ancestral. Nos complace compartir su reflexión sobre la poesía, un tema que hace parte esencial de la cultura de las tradiciones originarias que habitan el mundo de manera poética y nos enseñan a encontrar la poesía mas allá del texto escrito.

A los 12 años sentí el primer zapatazo de mi corazón

Descubrí el mundo de las palabras, cuando te encontré reposando en una flor

Entendí que el mundo constituye de verbos y poemas

Que las palabras mágicas crean ilusiones eternas

Que podría vivir justo allí, en la dimensión etérea

Fue entonces que calqué realidades en sustantivos

Dibujé palabras en el viento

Regué poemas en las olas del mar Tayrona

Me enamoré en el mismo lugar donde nací

Como un ritual de iniciación, encendí las llamas

Esa llama que me mantiene vivo

Una luz en el camino, una luz que llaman poemas

Algunos piensan que son meras palabras

Otros que es símbolo del amor

Para otros son emociones condensadas en palabras

Para mí...

Desde entonces vibra conmigo

Viaja en mi maleta con visa hacia la eternidad

A veces lo descubro en el mismo lugar, en los pétalos

Otras veces en las noches estrelladas

Otras veces es en teorías, en libros viejos

Otras veces en su mirar, en sus labios

O cuando me esquivas esa mirada cimarrona pero enamorada

Y un par de veces,

depositada en el alma innata de una mujer enamorada ...

como tú,

Para mí, y nada más que para mí, un poema es el mismo silencio marchando a un lado del universo de las palabras, iluminando mentes atrevidas, forjando carácter en quien le descubre y describe para oídos sensatos,

Alcanzo a verlo en una conversación

Lo aprecio en una tristeza fecunda

Lo identifico en un juego de palabras

Está en la espera de una madre a su hijo

En el respeto de los territorios

En pagamentos y en un suspiro

Para mí...

Bajo árbol frondoso y con raíces al cielo

En un beso sincero y vital es un poema materializado

Como la piedra tallada en siglos por los Tayronas

Mi amor forja un camino sin retorno hacia ti

Y que mejor que la misma esencia de la vida,

un poema pueda gritar como un arte

Haré que el mundo nazca y amanezca

Que despunte un nuevo amanecer

Que la tierra donde habitamos sea palabras corriendo desnudas hacia la vida misma,

armonía y alineación

Una perfecta sincronía entre tu pecho y mi corazón

Entre palabras e historias,

entre la tuya amor y la mía..."


uc?export=download&id=1JjNwNQPtGsG8Ig2HQfvfaD1IDTFswyS1&revid=0B8G3WKqH qswdjdnMGwvREtURkxjdzIxSktyVGJGb2xhN1F3PQ - ¿Qué es poema? - Lorenzo Gil Gill  Lorenzo Gill

Etnia Wiwa y Kogui
Director de la Fundación Wiwa
Universidad Externado de Colombia
Sierra Nevada de Santa Marta
Colombia
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El brillo en lo alto – Apilaresluz

iconos 01 - El brillo en lo alto - Apilaresluz
En medio de las manifestaciones nacionales que han tenido lugar en diferentes ciudades del país por el Paro Nacional, Apilaresluz nos comparte este tejido textual, un poema que nace de las calles bogotanas para darnos una mirada sobre lo que allí esta sucediendo: "Nunca el pueblo gritó más fuerte desde la muerte de Gaitán, o desde el 22 de noviembre de este 2019. El día después del toque de queda, 23, con el León y su gaita salimos a caminar la séptima. Lo que debía ser un momento de absoluto temor por la realidad circundante —por un Estado sin derrotero y en contra de su pueblo— se convirtió en la visión más clara que nunca antes Bacatá nos había revelado. La gaita retumbó en todos los rincones de esa larga e histórica calle. Aquí, a modo de poesía, dedicado al León, a toda mi familia y amigos, celebramos el despertar de nuestras raíces."

En lo alto de las cruces, atravesando la mirada el cerro de Monserrate

descansa un brillo atenuado por las nubes

Son las mismas que avisan la tormenta

-como antes  la Wachuma-

 

que ha vuelto a pasar

 

y que el brillo ensordecedor de Bochica

Aguarda desenfadado tras el oriente

 

¡El indio ha despertado, vengan a ver!

 

Su canto se acompasa entre las lágrimas por el olvido

y las arengas por lo que viene:

 

la tierra curada,

la ternura en la rebeldía,

canto libre de los pájaros y el tronar de la gaita

en plena séptima

como avisándole a todo cemento

que ha llegado la hora

los tiempos de sanar.

 

A Jorge, El León Pardo.

 

Apilaresluz
@irregular_variété
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