Reminiscencias del Valle Sagrado y el mensaje del Cóndor – Apilaresluz

esta historia nos trae recuerdos del pasado andino, retornando al tiempo / espacio de los antepasados, los hijos del inti (sol) que vivieron bajo la confederación del tawantinsuyo: "tawa" significando un grupo de cuatro elementos. el mal llamado imperio inca, fue en realidad un tiempo de prosperidad y abundancia para la gente de la imponente cordillera de los andes, que logró superar todas sus dificultades para habitarla. aprendieron los secretos de las montañas, las nubes, las plantas sagradas, kokamanta y wachuma, aprendieron a cruzar distancias y a unir territorios en armonía y convivencia. nos dejaron el legado de los chaskis y del inca al cual hoy nos transporta este texto.

Por la ruta de los chaskis, comunicó El Inca que las tropas de los forasteros avanzaban más rápido de lo previsible. Así, ante la inminente conquista, piedra a piedra, avanzaron ellos también en la construcción de la hermana sagrada de Machu pichu, Choquequirao, último bastión de la resistencia inca y los hijos del sol; el lugar elegido por el imperio amerindio para salvaguardar los mejores exponentes de su linaje y su sangre.

Choquequirao, con más de dieciocho kilómetros de extensión, conservó la misma organización socio política de Machu Pichu. Representaba, tal como su nombre lo indica, el último aliento andino, la sincera apuesta por mantener en libertad al imperio y todos sus suyos, de "una mano" que desconocería sus maneras y frecuencia.

Para comunicarse con Choquequirao, los mensajeros de El Inca se internaban en la montaña y abrían a su arbitrio los caminos que mejor les parecieran para llevar la palabra y la ofrenda. Para ello, soportaban todos los climas y microclimas, descansaban en los lechos de los ríos, pernoctaban en la copa de los árboles que no estuvieran habitados por osos, salvaguardándose así de los animales y las aves rapaces que frecuentaban la zona. Podían ser incontables las veces que el mensaje y la ofrenda no llegaban porque el chaski erraba en el cálculo y el río se lo llevaba; porque algún animal lo tomaba como alimento o porque, simplemente, terminaba deviniendo en algún otro estado de la misma materia. El Inca y sus súbditos lo entendían, así como lo inexorable de la conquista que ya no daba tregua sino para asegurar algunos secretos y herramientas. Este era el destino del Cóndor, la suerte del cielo, y ya los Apus lo habían consentido.

Todo pasa. Todo vuelve a comenzar, todo va siempre en perfecta caída y arribo; es por lo que el Imperio Inca, que llegaba hasta más allá de lo que hoy es Tucumán y que perteneció posteriormente al virreinato de la Plata, se postró ante lo improbable y dejó clavar sobre sus cimas un hombre redentor y otro crucificado con corona de espinas. Era la misma sangre de la alpaca que bebían cada Inti Raymi, y que para los foráneos la ofrenda... era humana.

A Choquequirao la conquista llegó en otro tiempo, y muchos de sus riegos y siembras se conservaron un tanto más. De sus ritos no tengo derecho a comunicar, ya verá cada quien. Pero eso sí: allí, en medio del Apurímac bordeándole los linderos, supo el hombre pardo que ningún animal sobre la tierra volvería a beber agua como la vida. Por tal epifanía se entregó a las corrientes del río. Nunca volvió.
Lo sé porque estuve: es mi primer recuerdo luego de volver. Son más que colores y uno solo es el espíritu: Él mismo te silencia; te vuelve una con las hojas, una con el verde. No había frontera entre mi piel y la suya. Al susurrarme, la Wachuma me pidió que olvidara toda pena pues el cielo no se había rendido (el cielo desconoce cómo), y la conquista era simplemente otro giro obligado en el espiral de la vida misma.

Yo era un niño, lo sé porque estuve, y me miraba las manos también pardas y comidas por el sol. Wachuma también me dijo que a veces se equivocaba y ahora lo entiendo, ahora sé que entender la cruz estaba lejos de ser una traición y yo aprendí. Ahora sé, ahora lo recibo.

-Sin importar la altura, el cóndor siempre puede ver. -Contempla- me decía, -Ve-.

Ahora soy mujer y nadie me enseñó la lengua de las abuelas, mis abuelas. Esta es la palabra que tengo y uso para contarles el susurro que me canto cuando Wachuma se ausenta:

Y solo pido que me levanten cuando ya no los pueda sostener,
Así no más, ahí se ve. 


Glosario
Suyos
: regiones del imperio incaico.
Apu: Deidad, señor, montaña
Wachuma: Planta sagrada de los Andes
Chaski: mensajero

 

Tania del Pilar/ Apilaresluz.
escritora, poeta, artista, creadora de irregularvarietè

créditos de imagen: dibujo de Juana Londoño

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