Caminando por Minka (Sierra Nevada de Santa Marta) – Fredy Chikangana / Wiñay Mallki

 Fredy Chikangana estuvo compartiendo su poesía, oralitura, palabra y conocimiento ancestral con el territorio caribe en las ciudades de Barranquilla y Santa Marta para el mes de Junio del 2017. Aquí nos relata un poco de su visita y nos deja un pedazo de su corazón grabado en estas letras.

Hay siempre algo que nos sorprende: “vi una gaita, la tomé en mi mano y ella cambió para siempre mi vida”, dijera Jam, un caminante de las estribaciones de la Sierra Nevada. Igual, siempre me sorprende la amistad, la búsqueda universal por un mejor vivir, la arena, el mar, la piedra, el viejo tronco que ha viajado en el río y quiere seguir siendo fuego y ceniza de encuentro con la memoria. Pero esa sorpresa no podría ser si no se es chaka – puente, que enlaza el caminar por el mundo con la sorpresa, lo presente con lo que puede ser, el corazón que palpita en la tierra con lo cosmogónico y lo que está más allá de la oscuridad.

Así ha sido el corto caminar por Minca, a través de algunos Chaskis del Caribe que tejen su amor, sus dudas, su esperanza en el mundo. Desde la brisa del mar en Barranquilla, pasando por la dulce agüita de coco, hasta el bosque húmedo tropical en Minca, mas allá del verde de la Sierra. El gran espíritu de la tierra y el cosmos, que mueve los hilos de la vida, y al que siempre me encomiendo en asuntos de nuestros saberes, me llevó desde la poesía, la oralitura, la palabra bonita, hasta el húmedo camino de la montaña y el bosque, hasta los ríos que mantienen cantando junto a la piedra y el árbol, con sus notas de amor a la vida. Fueron tres días de trabajo junto al fuego, calentando ofrenda: pagamento para agradecer la belleza de la vida, la abundancia de la tierra, para invocar a los grandes espíritus de nuestros ancestros: curacas, yachas, yayas, mamas, amawtas, jais, orishas; al espíritu guerrero de nuestras tribus cercanas y aquellas que fueron avasalladas en el presente, pero que alumbran desde lo profundo de la oscuridad trayendo esperanza a nuestros corazones, para organizarnos mejor en defensa del territorio y la vida. Tres días para sorprendernos de las señas de los abuelos —en tiempo y espacio—, para saber que todo llega cuando se brinda homenaje a la vida, cuando la muerte es el viaje en el cosmos para seguir influyendo en el caminar humano, cuando la muerte no es fruto del odio o de la venganza contra la vida.

Todo fue apareciendo bajo la sombra del bosque húmedo tropical: la hoja de koka enviada por los mamas, tostada a su medida, para ser mambeada y ofrendada; la semilla de cacao, la chonta de palma, la piedra de río, la concha y piedra de mar, la lana tejida bajo la fertilidad de mujer, la semilla, la sonrisa, la palabra, el canto, la sorpresa de ver llegar a los abuelos vestidos de luces, de colores, con traje de aves, mariposas, sapos, hormigas, serpientes sobre los guaduales. Todos atentos y a la espera de la sorpresa, del sabor y olor de las plantas de poder, que gustosamente y en el amor más reciproco de dulzura y disciplina, se logró compartir.

Al final queda la palabra, la imagen, la fuerza del mar, las olas que sacuden nuestros miedos y nos hacen volar. Nos queda la sorpresa de encontrar caminantes y seres semilla, la voz del bosque húmedo que nos empapa con su agua y su barro, que nos regala su llanto de alegría para decirnos que se debe seguir tejiendo como la araña, seguir volando y cantando como el pájaro azul y la mariposa que se posó en la piedra llamada “Arimaka: oído del mundo”. Que se debe seguir siendo semilla para la tierra y palabra bonita, pero decidida como el rayo y el trueno que penetra con su estallido de luz sobre las cuevas de la oscuridad. Todo esto fue dado en la proximidad del solsticio de verano, que en sus gotas de agua nos trajo palabra Quechua de la gente Yanakuna Mitmak: “Minka” de trabajo comunitario, “Gaira o Kaira” de rana, y cuantas otras palabras que estarán amándose entre corazones y tierra Arhuaca.

Prodigio de la sorpresa del ir y venir de nuestra gente, del compartir la semilla y la palabra, del salir del Ombligo del Mundo, atravesando en canoa los confines y la magia, y luego refundar en la memoria de la piedra y el agua la continuidad del canto y la vida misma. Prodigio alimentado por los sueños y la magia, de un ave que nos fue llevando hacia el amor del bosque. No hay duda que si sabemos mirar hacia atrás, encontraremos las propias huellas estampadas en arcilla; y si sabemos mirar hacia delante, encontraremos la luz que nos permite seguir fortaleciendo, la luz ancestral ante la oscuridad. “Estamos floreciendo, estamos floreciendo”, dicen los pájaros que se aman desde la arboleda, “solo nos queda seguir en vuelo permanente hacia la inmensidad”.

A: cada uno de los seres con los que jugó la sorpresa.


Wiñay Mallki / Fredy Chikangana
poeta y oralitor indígena del Cauca

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