Cartagena Cosmovisions I: Every Atom Belonging To Me – Dylan Moore

'Cartagena Cosmovisiones I: Cada Átomo Que Me Pertenece' es un texto traducido del Blog Oficial del Hay Festival, Cartagena, 2019. El Hay se caracteriza por ser un festival internacional de artes y literatura, con sede principal en Gales, Reino Unido, desde donde se ha expandido hacia otras locaciones geográficas como Colombia, Perú, México y España. En los últimos años, 'Cosmovisiones Indígenas' ha fortalecido su espacio al interior del Festival, abriéndose al reconocimiento de diferentes escritores en lenguas originarias y la posibilidad de explorar otros mundos contenidos en el conocimiento ancestral.

No es la primera ocasión, durante el Hay Festival, en donde una palabra que no había sido parte de mi vocabulario, surge de alguna conversación. Solo después de estudiar el programa cuidadosamente, me doy cuenta del título de la charla: Cosmovisiones Indígenas.

Cherie Dimaline, la maravillosa escritora indígena Métis de Canadá, a quien conocí en Arequipa, y Weildler Guerra, un antropólogo y activista colombiano que trabaja a favor de las comunidades indígenas, unieron el norte y el sur de las Américas, compartiendo ideas sobre diferentes pueblos indígenas y sus concepciones, desde lo que yo siempre he llamado “Visión de Mundo”. Siendo esto el Hay Festival, durante el almuerzo pude confirmar su relación cercana al concepto de Weltanschauung con mi nuevo amigo Wolfram Eilenberger, un filósofo alemán.

Pero creo que ‘cosmovisión’ funciona mejor como palabra, especialmente en concepciones indígenas que privilegian ideas conectadas con el universo y las estrellas. Usar la palabra cosmos implica una mirada al universo como un sistema o entidad ordenada, lo opuesto al caos.

La palabra surge nuevamente en una conversación con Gaby Del Mar, una joven activista e investigadora colombiana del colectivo Chaskis del Caribe. Mientras los demás escritores que nos acompañan — incluyendo a Cherie — se deleitan con daiquiris de fresa en la piscina de la terraza del hotel, Gaby y yo discutimos sobre el estado del mundo. Ella me cuenta del presidente Ivan Duque, a quien algunos colombianos han apodado de “cerdito”, y yo le hablo de David Cameron, el hombre que destapó la amarga botella del Brexit. A media distancia, observando a los gallinazos volar ominosamente sobre los rascacielos blancos, intentamos de algún modo, poner al universo en orden. Detrás de nosotros, el mar caribe busca bañar las murallas cartageneras del siglo XVI, cargando sus connotaciones contradictorias de paraíso terrenal y explotación; piratas, conquistadores y esclavos.

El trabajo de Gaby con los pueblos indígenas la hace cuestionarse el concepto mismo de historia, o al menos la versión que aprendió en la escuela. Se resiste a la asociación con teorías de conspiración, aunque en Colombia mas de la mayoría de los lugares dejan claro que, la historia es la narrativa controlada por personas que se han tomado la tierra, y todo lo que existe en ella, para sí mismos. El lenguaje que usamos para describir a estas élites pudo haber cambiado, pero, al igual que la pobreza, el 1% siempre ha permanecido.

Le pregunto a Gaby, cómo se sentirán los colombianos al vivir en un país llamado tras un italiano, financiado por la corona española. Es muy diciente que en lugar de hablarme sobre Colón, me cuenta sobre India Catalina. Como La Malinche en México, India Catalina es una figura ambigua –traductora y mediadora entre los vencidos y sus conquistadores– y Gaby es sagaz al mencionar que los indígenas del territorio, aun creen que su historia es diferente a la de la versión oficial española. Del otro lado de la antigua ciudad murallada, en un cruce de tránsito, la India Catalina se yergue orgullosamente y, por supuesto, al ser mujer representada en una estatua erigida por hombres, se encuentra semidesnuda.

Gaby habla apasionadamente sobre la relación de las culturas indígenas entrambos, el cielo y la tierra. Cuando fue a visitar a un 'abuelo' para una consulta astrológica sobre su futuro personal, se atrevió a preguntarle sobre el futuro del mundo. Él le aseguró que a pesar del desastre que los seres humanos están haciendo con el planeta, en términos de la manera en que tratamos a la Madre Tierra, y en que nos tratamos los unos a los otros, el universo lo tiene todo bajo control. Comprendí, de nuevo, que estábamos hablando de cosmovisiones.

La historia de India Catalina me trajo a la memoria los titulares sobre la estatua que están por hacer en casa. Le cuento a Gaby sobre “Heroínas Escondidas”, una campaña reciente de la BBC de la cual surge, como resultado significativo, la primera estatua de una mujer real de Gales – una mujer negra. Betty Campbell fue la primera directora negra de Gales en Butetown, una zona portuaria multicultural, distrito mejor conocido en el mundo como Tiger Bay.

Esta no es una conversación programada del Hay Festival pero, aun así, logra capturar algo de lo que sucede al encontrarte con escritores de todo el mundo para intercambiar ideas. Desde la piscina, podemos escuchar que la conversación ha dado un giro de daiquiris a la persecución de los judíos sefarditas. Poco después, el cóctel se llevaría a cabo en el Palacio de la Inquisición. Cartagena parece aguardar con facilidad tantas contradicciones. Las Bóvedas, una serie de arcos gigantes debajo de las murallas de la ciudad, contuvo a esclavos y prisioneros insubordinados o rebeldes. También fue aquí donde los esclavos eran clasificados desde los más bajos y débiles, que permanecían en Colombia, hasta los más altos y fuertes, que eran vendidos al norte, hacia las islas caribe y en Estados Unidos, vía Nueva Orleans. Ahora las bóvedas almacenan una serie de tiendas de souvenirs, con joyas de colores brillantes, mochilas, cerámicas, sombreros y camisetas de fútbol.

Gaby me cuenta sobre el chamanismo, a cambio yo le introduzco la historia de Wales Window en Alabama, otro vínculo entre Tiger Bay y las Américas. El 16 de septiembre de 1963, la dieciseisava iglesia baptista en Birmingham, Alabama, fue bombardeada por el Ku Klux Klan. Cuatro niñas negras —Cynthia Wesley, Carole Robertson y Addie Mae Collins, todas con 14 años, y Denise McNair de 11 años, quizás descendientes de esclavos que llegaron a través de Cartagena – fueron asesinadas. El Western Mail, periódico nacional de Gales, corrió una campaña para recolectar fondos y reponer la ventana, con una donación máxima de media corona —30 centavos antiguos— garantizando que era un regalo de toda la gente en Gales.

La Wales Window de Alabama, creada por John Petts, tiene representada a un Jesús negro, con sus brazos extendidos en amor y muerte, perdón y protección. Evoqué las palabras del evangelio de San Mateo que aparecen detalladas en el diseño de la ventana: ‘cada vez que lo hicieron con el más pequeño de mis hermanos…’ y Gaby terminó mi oración: ‘lo hicieron conmigo.’

Algo se movió en el universo y nuestras cosmovisiones colisionan. Entendimos, sin verbalizarlo, que al asesinar a las cuatro niñas, los racistas habían perforado cuatro hoyos gigantes en el orden natural del universo, martillando las uñas en los pies y manos de Jesús. Habían matado a Dios.

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Al siguiente día entrevisté a Sarah Churchwell, un particular honor porque junto con Bonnie Greer, fue mi panelista favorita en el muy extrañado show de Newsnight Review. El último libro de Sarah, llamado Behold America, es la historia de dos expresiones, el ‘Sueño Americano’ y ‘Primero América’. No le teme tildar de fascista al nacionalismo blanco de Donald Trump, situando al actual presidente de los Estados Unidos en una genealogía ideológica, que incluye a los asesinatos extra-judiciales de juventudes negras en las calles de América hoy por hoy, linchamientos promocionados como entretenimiento familiar en 1930, hasta llegar al pasado de la esclavitud. ‘No estoy preparada para esperar’, dice ella, ‘a que los fascistas comiencen un genocidio antes que nos levantemos.’

Sarah habló sobre las diferentes versiones del Sueño Americano que han existido, no solo en la mente de los americanos sino alrededor del mundo. Como es bien sabido por la mayoría de los latinoamericanos, lo que sucede en la Casa Blanca afecta a cada ser humano en el planeta. Inicié esta discusión con Sarah citando una absurda historia de días anteriores en el New York Times, donde se relacionaba el increíble bronceado anaranjado de Trump, incluso en medio del mas frío invierno en Washington, con ‘buenos genes’. Como lo explicó Sarah, esto no es simplemente una cuestión de vanidad; la familia de Trump tiene una historia inscrita a la teoría del eugenismo, en donde los humanos pueden ser el resultado de una ‘buena reproducción’ a la manera de caballos de carrera.

Inmediatamente después de la conversación regreso al hotel —Casa La Fé— y espero a la minivan que me llevará al aeropuerto. Ya en la recepción, fuerzo unas cuantas copias no vendidas de Driving Home Both Ways en el poco espacio que me queda de la maleta, lamentando el hecho de que no exista una manera apropiada de vestirse en un viaje que arroja temperaturas de 30ºC y reviso mis redes sociales. Mi esposa ha subido fotos de nuestras hijas. Yo las comento usando el ‘emoji’ de corazones por ojos.

Mas tarde, despierto en el avión – tiempo transcurrido 06:36, tiempo restante 2:29, hora local de origen 05:40, hora local de destino 10:41 – me encuentro pensando sobre los genes de mis hijas y las palabras de un poema que escribí, interrogando las preguntas que un doctor hizo cuando nació la mayor:

Una simple muestra

de saliva

todo lo revela,

hoja de té refleja

al revés:

cuerpos negros estampados

como sardinas.

 

El examen reconoce los fantasmas

de mis ancestros

en Mali y Cameroon 

en Congo y Ghana

 

tomados y privados

de sus nombres

 

Pero la doble hélice de nucleótidos

dentro de mí

son tan seguros

como los zarcillos

de un árbol.

 

Soy Africano

Occidental.

 

Martin Luther King, un pastor baptista ampliamente conocido y asociado con Birmingham, Alabama, habló sobre los hijos de esclavos y los hijos de los dueños de esclavos, sentados todos juntos en la mesa de la hermandad. Y Walt Whitman, con sus Hojas de Hierba como un hermoso proyecto del Sueño Americano no solo para hermanas y hermanos, sino también para la libertad e igualdad, escribió que ‘no hay un átomo de mi cuerpo que no te pertenezca.’

Al interior de esa simple frase está contenida toda una cosmovisión que abarca al gran continente americano, se esparce a través del océano Atlántico y alrededor del mundo. Llega desde Cartagena hasta Cardiff y de Nueva Orleans hasta Newport, desde Cristóbal Colón hasta India Catalina y Betty Campbell. Expresa la verdad que somos todos – negro, blanco, hispano, inmigrante e indígena – hechos de la misma nebulosa que compone al universo.

Y Cartagena, con su historia compleja, su gente diversa, sus contradicciones y yuxtaposiciones, captura esa misma idea. Es como Hay-on-Wye*, o cualquier otro lugar de nuestro precioso planeta, un lugar mágico, donde vidas ordinarias se mezclan con los extraordinarios misterios del cosmos.

*conocida como la 'ciudad de los libros', lugar de origen del Hay Festival, en Gales, Reino Unido.

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Dylan Moore
escritor seleccionado como el Hay International Fellowship 2018, un programa co-organizado con Arts Council of Wales, que da la oportunidad a un escritor galés de participar en los Hay Festival internacionales. Moore es también profesor y editor de la revista The Welsh Agenda. 


Traducción de Chaskis del Caribe
Imagen y Texto del Blog Hay Festival

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One Reply to “Cartagena Cosmovisions I: Every Atom Belonging To Me – Dylan Moore”

  1. Que orgullo escuchar el encuentro de éstas cosmovisiones que aunque vengan de procedencias tan distantes y edades tan dispares confluyen profunda y coherentemente. Felicitaciones a Gaby por posicionar en tan altos niveles el discurso de las nuevas generaciones.

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