Los latidos hermanados del Chibcha y Kukulkán: un acercamiento a la conquista de la eternidad – Apilaresluz

La historiografía socializada por el Museo del Oro de Colombia hace hincapié en las dudas al respecto de si, en efecto, la leyenda del Dorado tuvo lugar en la laguna de Guatavita, ubicada en el altiplano cundiboyacense. Aún así, en la ausencia científica occidental de esta precisión, los cundinamarqueses han sentido, a través de los tiempos, el pálpito en las profundidades de su territorio, como una reminiscencia del sistema de ofrenda precolombina.  En pleno hemisferio norte, donde hoy se ubica México, descansa el circuito arqueológico de Chichen Itzá. Desde tiempos incontables se ha celebrado alrededor de la pirámide de Kukulkán el vuelo de Quetzacoatl, la bellísima serpiente emplumada, como celebración del equinoccio y -sobre todo- la conquista del cielo y el continente que habitamos. Este texto, escrito en prosa poética, decanta la relación indiscutible entre las cosmovisiones Muisca y Maya, como parte del rescate de la memoria ancestral de nuestras naciones.

 

La esperanza le pertenece a la vida; es la misma vida defendiéndose”
—Julio Cortázar

“(…)El nagüal decía que un aprendiz tarda años para estar en condiciones de regresar a lo abstracto; es decir, para saber que el lenguaje y el conocimiento pueden existir independientemente el uno del otro.”
—Carlos Castaneda.

“Salió el viento del mar
Lloverá, lloverá, gritan mis huesos
y los sembrados que parecen enfermos
cargan de ensueños los botes
que como nubes navegan
en el agua del cielo
Salió el viento del mar
y se han volcado
los botes sobre el Llaima
Lloverá, sí, dice el aroma
cerrando sus puertas en el bosque
y veo la luz del cielo
que abre sus vertientes azules
y las espigas levantan sus cabezas
¡silban!, las oigo, jubilosas.”
—Elicura Chihualaf.

Soy una pieza viva sumergida en lo más profundo de estas aguas para restaurar el equilibrio de mis tierras. Tengo consciencia de la vida aún en el reposo de mi cuerpo, tengo movimiento aun cuando parezca imperceptible.

Tengo la forma de los hombres y las mujeres,
también la del ondoneo de estas profundidades.
Mi esperanza es emerger como crisálida la mariposa,
aún como llanto del recién nacido.

Mi esperanza es también una espera: en la quietud mi cuerpo va haciéndose agua, en la polivalencia del agua yo restauro el genuino brillo de mis pasados, la cuna de mis retoños. Antes de ser sumergida, mi vientre se multiplicaba. Brillaba a la par, y gracias al sol.  Era mujer porque sentía todas las muertes y reconocía el sexo de cada palabra, porque en la cópula conmigo al mensaje del Cóndor accedieron.
Un día como hoy se me ha inspirado la emergida: he comenzado a sentir el despertar de otras piezas. Algunas lloran, otras no pueden abrir los ojos. Algo en su incomprensión viene a apearse en mí. Algo de su miedo me sonríe. No se necesita del reflejo en las profundidades, aquí somos -viva- la imagen en los espejos. Vigilo sus respiraciones, ahora doy tránsito a mis transformaciones, doy libertad a mi cuerpo para que tome nueva forma. Me dejo ir, no soy más.
La boca entumecida, algo entre las falanges se asoma. Duele, allí donde la carne se abre, duele.
Soy la lluvia que ahoga campos enteros y lava heridas, el ardor entre mis falanges es la herida por donde el mundo se agrieta. Pueblo al centro mismo de esta porción de tierra con nueva memoria. En mi dolor se revuelcan los mares, los ríos se desbordan.

En la concupiscencia de los días incomprendidos

escucho, cual reminiscencia, el ululato del yaguareté:

también las lluvias lavan, también la luz encandila.

Desconozco cuánto tiempo lloraré.

Tania del Pilar/ Apilaresluz
@irregular_variete

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