Mitologías del Abya-Yala: la Coca, Haiu – Kogui

Compartimos esta historia kogui sobre el origen de la coca o haiu en mitologías del Abya-yala. El uso ritual y ceremonial de la planta sagrada es transmitido y realizado únicamente entre hombres, mientras que la mujer es quien se encarga de cuidar y cosechar la planta. En este mito nos explican el por qué.

 

El País de las Nieves
(extracto)

Introducción Kogui, Ikū, Wiwa

Desde las visiones omniabarcantes del pensamiento tradicional, la Sierra Nevada es la montaña del centro del mundo, un eje en donde existe todo, donde se guarda todo, donde todo comenzó y donde todo terminará. Los indígenas de la Sierra se autodenominan «hermanos mayores» en su condición de guardianes originarios de su propio centro del mundo. Así como existieron las serpientes mayores, los tigres mayores y los pájaros mayores, así existen, según los relatos ancestrales, los hermanos mayores, cuya casa es la montaña mayor, surgida sobre las aguas primordiales por la intención en pensamiento de la Madre Universal. La Sierra Nevada de Santa Marta fue bautizada así por los españoles, quienes alcanzaron las costas del Caribe colombiano menos de una década después de la llegada de Cristóbal Colón a las Antillas.

Pero solo hasta mediados de 1525 –otras fuentes hablan de 1526– Rodrigo de Bastidas fundó la ciudad de Santa Marta en uno de los extremos noroccidentales de las costas adyacentes a la Sierra Nevada, también conocida como Nunjwákala entre los kogui, U’mu–nu–ku–nu– entre los iku– y Ungumaku–na entre los wiwa.

La Sierra Nevada es un gran macizo montañoso de base relativamente estrecha y forma piramidal; casi todos los investigadores la consideran un macizo aislado, aunque algunos ven en ella una «prolongación estructural» de la rama oriental de la cordillera de los Andes. La Sierra Nevada de Santa Marta es la montaña costera más alta del planeta, con elevaciones de hasta 5.77 5 msnm registradas en los picos nevados: Colón y Bolívar. En esas inconmensurables alturas está Chinundúa o Chundua, el lugar en donde al morir se dirigen los hombres y las mujeres que llevaron una vida de acuerdo con la ley de la Madre-Padre, quien lo envuelve y lo conoce todo, desde las esferas más profundas hasta las más elevadas. La Sierra Nevada ha estado habitada desde tiempos muy remotos.

A la llegada de los europeos formaba parte del área intermedia o circumcaribe, junto con el noroccidente costero de Colombia y las vertientes atlánticas de Panamá y Costa Rica –otros mapas del área incluyen las costas de Venezuela hasta la Guayana–. En dichas zonas los flujos y reflujos culturales se han sucedido continuamente, con aportes claves en etapas tan decisivas como el formativo (del 7000 al 1000 a.C.) según estima Reichel-Dolmatoff (1986); para el investigador austro-colombiano, durante el formativo se habrían ejercido importantes estímulos a las áreas de Mesoamérica y los Andes centrales a partir de los desarrollos culturales de la costa Pacífica ecuatoriana y la costa Atlántica colombiana, de donde datan algunas de las piezas cerámicas más antiguas de América (montículo de Monsú: 33 50 a.C.). Con la formación y aparición del conjunto cultural Tayrona adquiere gran protagonismo la subárea cultural de la Sierra Nevada y las costas y llanuras adyacentes; las fechas varían y todavía están en revisión, pero se puede al menos sugerir –siguiendo a Reichel-Dolmatoff (1998)– que aproximadamente hacia el siglo VII y hasta la llegada de los españoles florecieron allí una serie intermitente de cacicazgos, cuyas guerras y alianzas marcaron la formación de un posible Estado incipiente con notables desarrollos urbanísticos y religiosos. Sin embargo, los tayrona fueron solo uno de los grupos que habitaban la zona a la llegada de los españoles. Algunas fuentes etnohistóricas permiten pensar que se trataba de un grupo afín pero diferente al de los antepasados directos de los kogui. Aun así, es evidente que entre los antiguos teiruna o tayrona y los actuales kogui o kágaba existe una cierta continuidad. Los kágaba le contaron a Preuss (1993[1926]) que de los tayrona aprendieron «la educación de los mamas». Desde 1987, los wiwa, kogui e iku– se han agrupado en la organización Gonawindúa Tayrona. Lo «tayrona» tiende a convertirse en esencia cultural y fundamento de antigüedad para los actuales indígenas de la Sierra Nevada de Santa Marta.

Miguel Rocha Vivas


Mito

La coca-haiu

Relator: Seye Ababi Mako
Chaves Chamorro, M. (1947) Mitología Kágaba en Boletín de Arqueología, vol II # 5-6 Bogotá.

En un principio no había haiu (coca); los indios tenían mucha hambre; entonces Sintana pidió haiu a la Magri. Allí donde vivía la Magri estaba una mujercita pequeña a quien Sintana trajo y la convirtió en mata de haiu. Nuaniskague, hijo de Sintana, la sembró en un tronco; cuando la planta creció, cogieron la semilla y la trajeron a Taminaka en Palomino; allí, en un plan muy bonito, se sembró la coca.

La Magri fue la primera que comió poporo; entonces ella tenía su casa ceremonial (Kansa María); un día Sintana fue a cocinar por mandato de la Magri pero no quedó bueno; la comida estaba fea; entonces Sintana fue a coger coca y luego vino a cocinar, pero también poco quedó bueno. La Magri fue a coger coca y luego cocinó y todo quedó muy bueno. Ella antes de que cogiera coca tenía bigote, pero vio que no le quedaba bien y se lo quitó. Entonces Sintana ordenó a los hombres que no cogieran coca porque la mata se seca, sino que deben hacerlo únicamente las mujeres y también dijo que las mujeres no coman coca porque les duele el estómago, tendrán diarreas y dolores de muela. Así mismo, dijo que el hombre no comería coca antes de su bautizo, pues el mama debe bautizar y entregar la coca, el calabazo, el palito para llevar el mambe a la boca y el chipi-chipi (conchas para la cal). También coma coca cuando se encuentre reunido en la casa ceremonial, para que oiga los consejos y converse con sus compañeros.


*Aquí el comportamiento ritual se explica y afianza por referencia a los orígenes. Se trata de un característico relato de mama. La Madre fue la primera que comió poporo, es decir, que mascó ritualmente el hayo (coca). Pero lo andrógino de la Madre se resuelve una vez se especifican las funciones y comportamientos de sus hijos e hijas. Algunos autores indican que el episodio de la Madre que entrega el control a sus hijos puede sugerir el paso del matriarcado al patriarcado (al parecer, el nahuanje, periodo arqueológico anterior al tayrona, presenta muestras cerámicas con más énfasis en las figuras femeninas). Originalmente el hayo es una mujercita pequeña, como también lo fue la Luna según los kogui. Como en otros relatos, la deidad se sacrifica para dar origen a algo que será muy beneficioso en el desarrollo y afianzamiento de la vida.


Notas y Recopilación:

Miguel Rocha Vivas ©
Antes el Amanecer: Antología de las Literaturas Indígenas de los Andes y la Sierra Nevada de Santa Marta
Biblioteca Básica de los Pueblos Indígenas de Colombia Ministerio de Cultura, 2010 ©

 

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