Mitologías del Abya-yala: el origen de la coca – uitoto

Samuel Torres Fariratofe, chaski del pueblo Uitoto, nos comparte su canto y su palabra en esta serie de videos. El primero es el canto ceremonial de la Coca, jïbina y el Tabaco, dïona.

Mambe y Ambil en la tradición amazónica de los Uitoto
(extracto)

"Toda pareja se constituye en una unidad que a su turno ha de encontrar su par. Así, el polvo de hojas de coca tostadas y piladas –lo simple– ha de ser mezclado con las cenizas de las hojas secas del Yarumo (Cecropia spp.) –igualmente simple– para obtener el mambe, el producto final apto para la consumición. El mambe se acompaña normalmente con su pareja: el tabaco líquido o pastoso (yera). Este elemento ritual resulta de un largo proceso en el cual las hojas de tabaco son sometidas a cocción hasta obtener un líquido espeso, al que suelen agregársele varias substancias (mucílagos) para darle consistencia. 

Pero el principal agregado, la compañera inicial del tabaco, es la «sal vegetal»: se obtiene quemando diversas partes (raíces, espinas, cogollos, cortezas, inflorescencias, y en ocasiones el ejemplar entero) de algunas especies escogidas de acuerdo a propósitos rituales diferenciados. Las cenizas se colocan en un colador, se agrega agua para luego cocinar la mezcla y obtener, después de la evaporación total, una substancia blancuzca. Este producto se agrega al tabaco líquido: es su pareja. Coca, procesada y mezclada, y tabaco, procesado y mezclado constituyen en su junción el soporte de la palabra ritual: «palabra de mambeadero», en donde toda la fuerza del origen se hace apta para la tribu mediante el sabedor-puente, quien echa sobre sus hombros el trabajo formidable de reunir lo disperso y afrontar lo uno en sus viajes chamanísticos a las raíces del mundo y del tiempo."

Fernando Urbina Rangel


Mito

Origen de la Coca
El Don de los Dioses

Relator: Abuelo Jitoma Zafiama
La Samaritana, Putumayo, 1971

Después de las inundaciones no quedó nada porque todo fue barrido por el agua; solo quedó un hombre llamado Buinaima.* Al verse solo, él buscó la manera de restablecer la humanidad, que había desaparecido del mundo donde existiera tiempo atrás, porque él sabía que antes de las inundaciones existieron gentes buenas que poblaron la tierra y que habían desaparecido desde el castigo Juzíñamui.** Buinaima se trasnochaba mucho haciendo invocaciones*** a Juzíñamui, pero la inteligencia no le daba más allá de donde él quería y el esfuerzo le causaba mucho sueño. Fue así como buscó la manera de vencer el sueño y para que se le abriera la inteligencia comenzó a indagar.*

Buinaima comenzó a tostar hojas de varias matas, como de maraca y cacao, ñame, ortiga o pringamoza, yuca y otras de monte.** Después de tostar se puso a pilar, luego a cernir en una talega fabricada con tela de corteza, y luego se puso a mambear en polvo. Con eso pudo dominar un poco el sueño, pero no le valía nada, porque no le abría la inteligencia y no encontraba lo que buscaba cuando hacía invocaciones.

Al ver que no le servía de nada, buscó por la orilla de los ríos la «coca de la boa» y con esta pudo ver un poco, y la sabiduría le estaba llegando y con eso seguía haciendo invocaciones y aguantaba el sueño. Ya el espíritu le conversaba por medio del sueño, pero no le revelaba todavía aquello que él quería. Entonces le nació una niña y le puso el nombre de Buinaiño, que quiere decir «Madre de los hombres».* Esta niña fue la coca. Así llegó; ahora vamos a ver cómo se vio la mata.

La niña iba creciendo. Cuando estuvo grandecita fue con la mamá a la chagra. Al llegar se sentó sobre un palo que había en la mitad, se sacudió y peinó los cabellos y dejó caer unas liendres. Sembró así la coca, porque ella sabía que eso era lo que le faltaba a su padre. Fue de esta forma como nació la coca. La niña fue la dueña de la coca, por eso nosotros cuidamos la coca como cuidar a una hija; si maltratamos la planta nos enfermamos.

Ella, al volver al otro día, se dirigió al lugar sembrado y notó que había nacido una matica. Muy contenta se puso la niña porque vio crecer lo que el mundo necesitaba para combatir el mal y tener al mundo sano y a la gente honrada. Pero ni la mamá ni el papá sabían por qué estaba tan contenta, pues la niña no decía cuál era el motivo de su alegría. Era un secreto que no podía revelar a nadie hasta que ella viera vencer el mal.**

Al volver por la tarde llegó a la casa muy contenta y le dijo al papá:

–Papá, hazme unos canasticos para yo cargar.

Y el papá le contestó:

–Bien, hija. Los haré para que ayudes a tu mamá a traer yuca.

Terminado el canastico se lo dio a la niña, que se puso muy contenta y al otro día se fue con la mamá para la finca, al lugar donde estaba la coca; allí encontró la mata con tres hojas. Ella las cogió y las puso en el canasto. Por la tarde regresó con la mamá a la casa llevando la coca dentro del canasto, y le dijo al papá:

–Papá, hay que poner la olla más grande*** y tostar la coca que te traje. Te he visto comer coca que no se debe comer, porque de estas hojas solo comen los animales. De hoy en adelante mambearás buena coca y verás y aprenderás muchas cosas, porque es un don de dios para salvar la humanidad.

Con estas palabras Buinaima se puso muy contento. Colocó en el fogón la olla y cuando estaba bien caliente le preguntó a la niña:

–¿Dónde está la coca?

Y la niña contestó:

–Al pie del pilón que tú manejas y en el canasto que tú me hiciste.

Rápidamente buscó la coca pero no encontró sino tres hojas desconocidas y dijo:

–Aquí no hay sino tres hojas. ¡Qué es esto para semejante olla! Más vale poner una chiquita en lugar de una tan grande.

Y dijo la niña:

–No desconfíes y ponte a tostar en nombre de Juzíñamui nombrando a toda la gente que existió en el mundo así: la coca que comía bora, ¡venga aquí! La coca que comía okaina, ¡venga aquí! La coca que comía gïdonï, ¡venga aquí…!*

Y así siguió nombrando todas las cocas. Así fue como Buinaima comenzó a tostar, y cuando tostó bien ya estaba llena la olla. Fue el primer milagro de la coca, que con tres hojas llenó la vasija. Después preguntó Buinaima qué mezcla se ponía, y ella dijo que fuera a la quebrada, que allí había un palo de yarumo, que la hoja seca se quemaba y la ceniza se debía mezclar con la coca pilada.

El papá fue a buscar las hojas, pero en el lugar indicado solamente encontró un gavilán grande. Volvió a la maloca sin nada y la niña le dijo:

–Esa es la hoja, no es ningún animal. Agarra una vara y ¡bájala!

Volvió el papá e hizo como le había indicado la niña y trajo la hoja.**

Así fue. El hombre comenzó a comer la coca buena. Ya el hombre se sentó más firme y buscó lo que quería; y encontró. Y comenzó la invocación a Juzíñamui. El señor le dio el poder para dominar el mal en la tierra. Se presentó el espíritu, le reveló todo y le dijo:

–Tú puedes recobrar lo perdido, lo que tanto has buscado. Lo encontrarás.

Ya con esa buena coca comenzó a pensar para que todo saliera bien en el futuro.

Buinaima vivía en su maloca siempre invocando a Juzíñamui y este le revelaba todo lo que él deseaba. Comenzó a hacer Bailes de Frutas [Yuaï] para aumentar las gentes que venían naciendo. Cuando ya hubo mucha gente llegó la envidia sobre Buinaima. Resulta que se supo que Buinaima mambeaba coca y venían gentes de todas partes para conocer y comer la buena coca.

Había en ese entonces un capitán de grupo. Ese capitán se llamaba Buruziema [jefe de los búhos]; él llegó a saber y mandó a uno de sus huérfanos por la coca. Este se fue bien tranquilo creyendo que la traída era fácil. Cuando llegó donde Buinaima, como a las ocho de la noche, dijo:

–Tío, ¿estás?

Buinaima le contestó:

–Sí, estoy.

Luego el concertado dijo:

–Mi capitán me mandó a llevar coca.

Contestó Buinaima:

–Sí, yo tengo coca, buena coca.

El concertado, pensando que ya le iba a dar, se quedó muy contento. Entonces comenzó Buinaima a contar todas las historias del mundo hasta la madrugada y por último dijo:

–Pues yo no soy el dueño de la coca. La verdadera dueña es mi hija, la que está dormida en esa hamaca. Si vienes a llevar entonces tendrás que llevarla a ella. No debes afanarte; si quieres puedes ir a dormir con ella* hasta que amanezca y mañana se van. Convencido el hombre al ver a la muchacha tan bonita, se quedó. Y cuando él fue a dormir, ella se levantó y se fue a bañar. Él permaneció en la hamaca de la muchacha y se quedó dormido.

Ese día se fue la muchacha a la chagra de nuevo con la mamá y trajo más coca. Y ese mismo día el capitán de los buru, al ver que no llegaba su huérfano, mandó otra comisión. También llegó con las mismas palabras, como la vez anterior y Buinaima los recibió de la misma manera.

Así fue mandando más y más comisiones y todo el que iba no regresaba pues se quedaba en la casa de Buinaima amañado y oyendo los cuentos y consejos que dictaba. Buinaima se volvió como un maestro de escuela, hasta que se quedó sin personal el capitán de los buru. Ya todo el personal* estaba al lado de Buinaima.

Buruziema, por último, resolvió ir solo en busca de su gente y de la coca; entonces le dijo a la mamá que se quedara en la casa cuidando hasta que él volviera. Ella le dijo que no fuera porque todo su personal había ido y no había vuelto. Sin embargo él le replicó que se iba y que regresaría dentro de cuatro días, y se fue en busca de su gente. A los dos días llegó a la casa de Buinaima y lo encontró rodeado de su personal oyendo los cuentos. Uno tostaba las hojas de coca, otro las pilaba, otro quemaba las hojas del yarumo para obtener la ceniza que otro mezclaba con la coca pilada, y uno más cernía la mezcla mientras que todo el resto del personal contestaba las preguntas que hacía Buinaima.

Llegó el capitán de los buru y dijo:

–Tío, ¿estás?

Buinaima contestó:

–Sí, estoy.

–Vengo por tus cosas y por mi gente.

Dijo Buinaima:

–Sí, yo los tengo, ahora los llevas.

Comenzó a hablar Buinaima con Buruziema y este preguntaba a todos. A lo último Buinaima dijo que aquel que se llevara a la hija tenía que ser un hombre muy capaz de todo. Así tuvo a Buruziema durante tres días con sus noches sin descansar. Ya sin comer, el capitán de los buru se enflaqueció. Buinaima por último sintió lástima y le dijo:

–Yo no tengo ninguna coca. Si quieres puedes llevarte a mi hija, porque ella es la dueña de la coca, pero te aconsejo que no vayas a jugar* con ella por el camino, ni siquiera vayas a mirarla. Ella es muy juguetona y tentativa [seductora]. Cuando llegues a tu maloca puedes hacer lo que quieras con ella, de otro modo no.

Fue así como a los cuatro días, el papá dijo a la hija que se alistara para irse con el hombre que venía a llevarla. Alistó todo y se fueron.

Buruziema viajaba en canoa. En ese entonces tomó el nombre de Juma.** Ella por el camino iba jugando, haciendo tentación y él le decía que no molestara, pues tendría tiempo en la casa para jugar. Al aproximarse a la casa se le olvidó el consejo del suegro y creyéndose seguro, volteó a mirar.

Cuando miró nuevamente hacia el frente, ella se tiró al agua y regresó a la maloca de Buinaima diciendo que si ese hombre la venía a llevar de nuevo, no iría más con él pues él la había tratado muy mal.*** Juma, creyendo que ella iba detrás de él, se fue a la casa, donde su mamá lo esperaba. Él volteó a ver cuando llegó y ella ya no venía; regresó a la canoa, pero tampoco estaba ni se veía río abajo. Regresó a alcanzarla y no pudo. Donde ella iba poniendo las manos quedaba la coca verde, por todos los ríos, por todas las lomas. Él siguió buscándola hasta que llegó de nuevo a donde el suegro. Al llegar vio a la muchacha y dijo:

–Suegro, yo vine a llevar esa muchacha que se ha devuelto.

Ella insistió en no ir. Por último Buinaima dijo: –Yo no tengo más hijas. Ya te llevaste la única y la trataste mal. No cumpliste con mi recomendación.

Juma, furioso, dijo que si no le entregaba a la hija era porque el propio Buinaima la quería para mujer* y se puso a lanzar maldiciones. Entonces el cacique terminó echándolo de la maloca con ayuda de sus concertados, los antiguos huérfanos de buru.

De todas maneras Juma se quedó escondido por ahí.

A media noche, después que Buinaima acabó de hacer, mandó a que regaran los afrechos** afuera diciendo:

–¡Abuelo, para usted! Esta es su parte.

Entonces Juma cogió los afrechos, se los restregó en las canillas*** y se fue a su maloca.

Cuando llegó, no encontró a la mamá. Ella estaba en la finca llorando por su hijo que no volvía. Entonces, al no verla en la casa, Juma maldijo a la mamá y esta se volvió turida, un gavilán que anda haciendo tapias. Él se convirtió en garza que anda por la orilla de los ríos. Por su parte, Buinaima escogió la gente para enseñarle bien. Así, colocó aparte a dos hombres bonitos, mientras que a otros dos los encerró debajo de la olla grande porque no lucían. A los demás los maldijo, así: a un animal verde lo echó afuera, ese se llama jéruki, un pájaro que cernía la coca y como le caía polvo encima quedó de ese color. A uno de los que comía demasiado lo volvió íyïipuitiño y al otro ámuiyïkï****; por eso son cachetones.***** A los dos más bonitos les enseñó bien, mientras que los otros permanecían presos debajo de la olla. Por último, les hizo preguntas. Meï, un pajarito de color azul, no le contestó nada. Gódobie, pajarito de color verde, tampoco le contestó nada. Entonces les dijo:

–Como son tan brutos andarán por la selva sin saber [decir] nada.*

Entonces le abrió a Júayima, y este dijo:

–A mí no me enseñó nada, ¿qué puedo yo contestar? Solamente hablaré como loco.

Volvió y abrió a otro, a Zírogoma, también conocido con el nombre de arrendajo. Este dijo:

–A mí no me enseñó nada; me tenía encerrado. Digo que hablaré como los pícaros.

A estos dos Buinaima los felicitó y les dio el poder de remedar toda clase de voces. Fue así como se conoció la coca. Con ella se hacen bailes y trabajos y sirve para cualquier enfermedad y para cuidar a los hijos, pero no para hacer mal a nadie. Fue el consejo de Juzíñamui.


* «Hombre del agua», o mejor: «Dueño (-ma) del agua primera (buina)».

** Debido a una extensión en el uso actual de este nombre, adoptado por los misioneros tanto católicos como protestantes para referirse al dios cristiano, ha terminado por asumirse en él las diversas facetas del padre (Moo). En la tradición más estricta, Juzíñamui sería la fuerza (energía cósmica) en su papel de justiciera que castiga con violencia. De ahí este personaje o, mejor aún, el rol, sea simbolizado por el sol sanguinolento del crepúsculo: sol violento, caníbal, cortador de cabezas.

*** Ver el relato supra en que se habla de «El diluvio y el origen de los bailes», cuando Buinaima hace invocaciones al dios para poder rehacer el cosmos. El presente relato desarrolla tal episodio. Es un ejemplo para mostrar cómo los mitos se explicitan en la red de variables que van constelando. Episodios que no se expliquen o desarrollen suficientemente en un mito, si son importantes, son desarrollados en otro. En las estructuras en red –como el universo o el cerebro– el centro puede estar en cualquier parte del conjunto.

* Este indagar equivale a buscar en la tradición. Los héroes culturales (y lo son por establecer paradigmas) también recurren al recuerdo, pues en último término se extrae la tradición guardada en el Abuelo-canasto (el primer ancestro, el Padre de la trilogía) los elementos que se ajusten a la coyuntura. Esta ha sido prefigurada en las «palabrasaire» (jagïyï uai), formas (ideas) a la manera platónica, aun sin concreción. La materialización la lleva a cabo el héroe, quien hace pasar las palabras-ilusión al plano de lo fáctico. Los abuelos recurren al modelo fijado por el héroe, pero cuando esta operación resulta insuficiente, retrotraen los orígenes más remotos donde se dan todas las formas en estado de pura ilusión, solo aire, solo palabras sin lo fáctico de la obra. Lo más fácil, por tanto, el recurso inmediato y común, es indagar primero en las historias de los héroes (ïïgaï o bakakï, Cf. Yépez, 1982: cap. ii: Urbina, 1982: 5-5); pero es más radical hacerlo en la historia primordial (rafue) en la cual figuran los tres demiurgos primigenios: Madre, Padre e Hijo. Luego vienen personajes secundarios, mediadores entre las fuerzas primordiales y los hombres (uno de ellos Buinaima), que se asimilan a los héroes culturales. Estos segundones son llamados comida por los uitotos y muinanes, por ser este el resultado final del obraje cósmico; de ahí la expresión «esto es comida para mí» para decir que una operación, sobre todo un ataque o dificultad que tenga que ver con el manejo de la tradición, es sencilla, manejable. Y lo es cuando se trata de algo que tenga como paradigma un ser o acción de las etapas próximas a la aparición de la humanidad, que es precedida de un largo y arduo proceso diferenciador a partir de la fuerza primordial caótica. Desde luego esta fuerza conserva toda la potencia de lo germinal y, obviamente, «no es comida», y si lo fuera sería demasiado fuerte. Se dice también que un sabedor «come palabras», y ha de prepararse para ello; de no hacerlo gradualmente, resultaría un continente (canasto) que se perjudicaría (rompería) al no poder contener la tradición más profunda (pesada: el jabo rafue).

** Maraca, Theobroma bicolor hb; cacao, Theobroma cacao l; ñame, Dioscorea alata l; ortiga o pringamoza, Urera baccifera l; yuca, Manihot spp.

* El los mitos el uso no lineal y continuo del espacio y el tiempo permite a un mismo personaje aparecer en algunos episodios como hijo de alguien y en otros como su consorte; la fuerza (que es una, en el fondo) se manifiesta de manera diversa según las necesidades y circunstancias. En rigor, los conceptos de espacio y tiempo no serían condiciones sino subsidiarios de esta concepción de las manifestaciones de la fuerza. Buinaiño es la Madre primordial; buina es «agua primordial», y –ño es la partícula que indicar el género femenino.

** Los procesos creadores deben permanecer secretos ya que los enemigos de los hombres (la «anticultura», representada por los animales, opositores en la dialéctica cósmica) pueden echarlos a perder. Solo cuando estén consolidados pueden hacerse públicos. Así lo hace Buinaima cuando empieza a ofrecer a otros el don que ha recibido.

*** En la actualidad los uitotos utilizan el budare (tiesto) para tostar las hojas de coca, e incluso ollas de aluminio. No fue así en el pasado, cuando se fabricaba un ceramio especial para tal efecto.

* Nombres de linaje o etnias relacionadas o incluidas entre la uitoto y la muinane.

** La hoja de yarumo (Cecropia spp.) es asimilada a una pata de gavilán. Su ceniza se mezcla con las hojas piladas de la coca para luego proceder a cernir. La presencia de carbonatos hace posible asimilar a través de las mucosas bucales dosis ínfimas de la cocaína disuelta en la saliva (ver inicio del mito n° 7). Sin esta mezcla no se podría volar como gavilán (ave chamánica).

* Se insinúan actos copulatorios; más adelante aparecen muy explícitos en el relato. En la preparación y consumición de la coca se dan implicaciones sexuales: se visualizan en actos tales como el triturar las hojas en el mortero (vagina) con el pilón (falo).

* Este personal está compuesto por los huérfanos (jaïenikï) que se hallan bajo la protección Buruziema. Prefieren a Buinaima porque les brinda mayor amparo al transformar su naturaleza nocturna en diurna; además sus palabras son seguras, más fuertes, primordiales, y están respaldadas con la concreción de las mismas: la coca. Es factible ver en estos huérfanos acogidos por Buinaima la simbolización de procesos de tránsito hacia la sedentarización por parte de integrantes de grupos nómadas.

* Eufemismo para referirse a «copular».

** La garza blanca (Ardeidae) ambula por las orillas de los ríos. Es asimilada al «hombre blanco» que «viene a llevarse las cosas del indígena». Esta connotación es tardía, desde luego. Como se ha dicho, en la mítica los relatos se van llenando de nuevas significaciones de acuerdo a las necesidades coyunturales; igualmente por falta de uso (cambio de un utensilio, por ejemplo), las antiguas pierden vigencia y se van cancelando.

*** No fue impecable; no se atuvo a las dietas rituales (abstinencia sexual) que permiten finalmente el manejo correcto de los seres y las cosas.

* Esta acusación es la peor ofensa en una sociedad regida por normas estrictas de exogamia.

** Desechos del cernido de la coca.

*** Razón por la cual esa variedad de garza tiene las patas verdes (como los afrechos de la coca) y su flacura atestigua el hambre que Juma aguanta en el coqueadero. Esta fórmula ritual «¡Abuelo, para usted!», se pronuncia al final de la sesión nocturna en que se prepara la coca, cuando se arrojan fuera de la maloca los afrechos (venas) de las hojas que, al no reducirse a polvo, no se deben mambear. Se trata de retornar a lo exterior (selva) el remanente del proceso ritual (cultural: dentro) efectuado en la maloca; restos que son naturaleza no transmutable en cultura y han de volver a su lugar propio. El Abuelo denota a un «dueño de la selva» que según el mito es «dueño de animales» (búhos).

**** Hormiga arriera, Atta spp.; y libélula, Libellulidæ.

***** Rasgo morfológico más bien referido a los ojos prominentes, que le da la apariencia de estar mambeando (carrillos llenos), pero con mayor propiedad equivale a «mirando a todos lados», distraído.

Pájaros de vistosa librea pero sin canto hermoso o con mudez. Distribución compensatoria de los dones: los feos cantan bellamente; los mudos (o con canto desapacible) son bellos. El episodio también simboliza la transmisión del saber humano: no siempre quien parece el más indicado y es centro de atención resulta el mejor depositario del saber. Los ejemplos abundan tanto en los mitos como en la vida cotidiana. Suele suceder que uno de los hijos menores del preceptor –o uno de sus huérfanos– resulte el verdadero depositario, continuador y trasmisor, e incluso complemente el saber. El Abuelo muinane don Noé Rodríguez cuenta cómo a él lo graduaron (conferir el poder, consagrar), mientras que a otros que asistían también a las enseñanzas y se destacaban por sus atuendos rituales no. Se concreta la formulación mítica: los bellos (adornados, que aparentan) no saben; los feos (no adornados, desapercibidos) saben. Ocurre que el hijo menor es mejor depositario por una doble razón: a) Pasa desapercibido y es por tanto más libre (los enemigos no centran su ataque en él); y, b) Sus progenitores, más viejos, están mejor preparados y pueden ser más cuidadosos en la educación. Así, los huérfanos y los segundones pueden llegar más lejos y generar su propio ciclo ritual generacional. Hay maneras para acceder al saber-poder distintas al simple derecho de herencia del aprendiz que recibe del padre preceptor el conocimiento sistematizado, desde las muy secretas formulaciones familiares en donde se encuentran las defensas más potentes, hasta el cúmulo de informaciones compartidas por casi todos los linajes (cultura general). Estas otras vías de acceso dependerán del esfuerzo del interesado, quien bien puede elaborar un corpus más poderoso que el detentado por los herederos propios, pero confiados o descuidados, de un gran sabedor. El encierro a que son sometidos los pájaros sabedores, recuerda rituales en los que el joven aprendiz era encerrado en una construcción provisional dentro de la maloca. Estos encierros simbolizan, por lo general, el retorno al ámbito germinal donde se cosecha el saber fundamental. Este ámbito es visto como fondo de canasto.


Notas y Recopilación:

Fernando Urbina Rangel ©
Las Palabras de Origen: Breve Compendio de la Mitología de los Uitotos
Biblioteca Básica de los Pueblos Indígenas de Colombia Ministerio de Cultura, 2010 ©

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