Poética del Agua: Estrecho del Magdalena

 este es un fragmento de nuestra investigación sobre la poética del agua, la cual avanza junto con la oralitura del pueblo yanakuna, específicamente de la obra poética de fredy chikangana, quien nos recita su poema minga, a orillas del estrecho del magdalena, lugar sagrado que es “Canal de parto” de las aguas que nacen en el vientre de la tierra.

La manera de encantar, de forjar con la palabra, de nombrarse a sí mismo y a todo lo que nos rodea es la facultad humana que nos ha otorgado dominio sobre otras especies. ¿No fue así, acaso, como los españoles se apoderaron de territorios para ellos nuevos y desconocidos? Territorios que fueron y siguen siendo habitados desde siempre, pero con otros nombres y bajo leyes que regían formas diferentes de entender y acaparar los misterios de la vida. Así fue como la península Ibérica reemplazó con una lengua tantas otras, conquistando tierras, riquezas y almas porque «la colonización es en primera medida un renombramiento» (Rocha, 2012, p. 90). Y es, precisamente, a través del acto de renombrar como hoy se reivindican aquellos pueblos hechizados por el poder de la palabra escrita. Están reencontrándose con el conocimiento antiguo y negado, volviendo a cantos, lenguas, ceremonias y magias, es decir, volviendo a sí mismos por medio de un artilugio colonial que los descoloniza: la escritura.

Esto se refleja en la larga y conocida lucha de los pueblos indígenas del continente americano en contra del dominio que sobre ellos han ejercido diversos mecanismos de aculturación. La ingeniosa apropiación de una tecnología infalible como lo es la escritura, por parte de quienes han sido sus víctimas, es una innovadora forma de resistencia cultural en la cual la tradicional dicotomía entre oralidad y escritura se disuelve, dando cabida a un sistema de opuestos complementarios. La noción complementaria hace parte del pensamiento andino, el cual en lugar de separar más los polos opuestos los atrae; o, en el mejor de los casos, los revuelca al estilo pachakuti, concepto mitológico que anuncia un tiempo en el que lo de arriba quedará abajo y lo de abajo arriba.

Como resultado de dicha inversión, el poeta/oralitor Fredy Chikangana, proveniente de la comunidad yanakuna-mitmak, del Macizo Colombiano, expone desde su escritura creativa el pensamiento que surge en la memoria oral de su tradición. Él reivindica en su poesía la historia y memoria de su pueblo, a la vez que revitaliza el quechua como lengua ancestral y la relación primaria con la tierra, el agua, el aire y el fuego como seres dadores de vida. Su poesía resalta ese tiempo de infancia en el que aprendió a vivir, sentir y pensar como yanakuna: a temer seres espirituales y sobrenaturales que cuidan y protegen el territorio, amar la tierra y sus frutos, el sudor de la frente, las ofrendas, el trabajo comunitario o minga, la música, el canto, la tullpa, la palabra, el respeto por los mayores y los muertos, la preocupación por las generaciones que están por venir. Desde lagunas de páramos y nacimientos de ríos, canta el oralitor:

“Con el pie sobre la Madre Tierra
somos uno para todos sobre el ancho cielo.
Venimos del sol
pero también somos seres de la noche
del relámpago y el trueno;
aquí estamos como si fuéramos racimos de maíz
bajo el humo espeso de la indiferencia”.

(Chikangana, 31, 2010)

En esta indiferencia hacia la historia de los pueblos indígenas de Colombia –y del resto del continente americano– se contextualiza la oralitura como concepto para definir el auge de estas nuevas producciones literarias del pensamiento y la cultura oral-ancestral. El término fue inicialmente utilizado por el teórico africano Yoro Fall (1992), para luego ser retomado por el escritor indígena chileno Elicura Chihuailaf (1995), quien junto con Fredy Chikangana hace parte del movimiento intercultural de literatura indígena contemporánea a nivel continental.

La invitación es a embarcarse en la poesía como vehículo para explorar un universo simbólico de imágenes y palabras antiguas, olvidadas y reemplazadas por la dura capa del pensamiento occidental, a conocer y reconocernos en la riqueza infinita de la diversidad cultural de la cual somos parte los colombianos.

Por: Gabriela del Mar Abello Goes

Publicado en LATITUD, Revista Dominical de El Heraldo.


Obras Citadas:
•Miguel Rocha (2012) Palabras Mayores, Palabras Vivas tradiciones mítico-literarias y escritores indígenas en Colombia Bogotá: Taurus Editorial
•Fredy Chikangana (2010) Espíritu de Pájaro en Pozos del Ensueño Bogotá: Ministerio de Cultura

Minca – Lorenzo Gil Gill

Este poema es de un hijo de la sierra que le escribe a su Madre Tierra, la Sierra Nevada, joven wiwa del territorio de Minca, que reside en la ciudad de bogotá donde se dedica, entre otras cosas, a ser puente "chaka" entre su cultura oral/ancestral y la cultura letrada/urbana

Si te quiero llamar “tierra bendita”,
conservo el honor de ser su hijo,
a este hogar que me embalsa,
que me cubre…
Si te quiero decir: “de aquí soy”,
te represento.

En la eternidad
reposan mis actos,
y en estas tierras mis huellas:
mi primer amor, mi odio, mis miedos.
Tierra soy, agua y energía,
me significo aquí
si quiero caminar a orillas del mar.

De vejez quiero sentir las brisas verdes
de estas montañas. Decirle al tiempo:
“¡liquídame en este espacio!”
Si quiero descansar, diré que aquí me hallo.
Que el mismo universo
me permee con su llanto.

Soy de ustedes, soy tu hijo amada tierra…
Porque nada se me ha dado,
ni quitado...
Soy lo que la tierra me ha hecho.

Si quisiera despertar en el paraíso
es este lugar, en este instante, en estas palabras,
porque se que aquí terminaré, en la Sierra Nevada.
Si quisiera amar a la madre naturaleza,
eres tu, Sierra.

 


Lorenzo Gil Gill
 escritor indígena, amante de los viajes, la voz de la tierra, poeta nativo de la Sierra que le susurra al viento y a los ancestros.

créditos de la foto: Lorenzo Gil Gill

Caminando por Minka (Sierra Nevada de Santa Marta) – Fredy Chikangana / Wiñay Mallki

 Fredy Chikangana estuvo compartiendo su poesía, oralitura, palabra y conocimiento ancestral con el territorio caribe en las ciudades de Barranquilla y Santa Marta para el mes de Junio del 2017. Aquí nos relata un poco de su visita y nos deja un pedazo de su corazón grabado en estas letras.

Hay siempre algo que nos sorprende: “vi una gaita, la tomé en mi mano y ella cambió para siempre mi vida”, dijera Jam, un caminante de las estribaciones de la Sierra Nevada. Igual, siempre me sorprende la amistad, la búsqueda universal por un mejor vivir, la arena, el mar, la piedra, el viejo tronco que ha viajado en el río y quiere seguir siendo fuego y ceniza de encuentro con la memoria. Pero esa sorpresa no podría ser si no se es chaka – puente, que enlaza el caminar por el mundo con la sorpresa, lo presente con lo que puede ser, el corazón que palpita en la tierra con lo cosmogónico y lo que está más allá de la oscuridad.

Así ha sido el corto caminar por Minca, a través de algunos Chaskis del Caribe que tejen su amor, sus dudas, su esperanza en el mundo. Desde la brisa del mar en Barranquilla, pasando por la dulce agüita de coco, hasta el bosque húmedo tropical en Minca, mas allá del verde de la Sierra. El gran espíritu de la tierra y el cosmos, que mueve los hilos de la vida, y al que siempre me encomiendo en asuntos de nuestros saberes, me llevó desde la poesía, la oralitura, la palabra bonita, hasta el húmedo camino de la montaña y el bosque, hasta los ríos que mantienen cantando junto a la piedra y el árbol, con sus notas de amor a la vida. Fueron tres días de trabajo junto al fuego, calentando ofrenda: pagamento para agradecer la belleza de la vida, la abundancia de la tierra, para invocar a los grandes espíritus de nuestros ancestros: curacas, yachas, yayas, mamas, amawtas, jais, orishas; al espíritu guerrero de nuestras tribus cercanas y aquellas que fueron avasalladas en el presente, pero que alumbran desde lo profundo de la oscuridad trayendo esperanza a nuestros corazones, para organizarnos mejor en defensa del territorio y la vida. Tres días para sorprendernos de las señas de los abuelos —en tiempo y espacio—, para saber que todo llega cuando se brinda homenaje a la vida, cuando la muerte es el viaje en el cosmos para seguir influyendo en el caminar humano, cuando la muerte no es fruto del odio o de la venganza contra la vida.

Todo fue apareciendo bajo la sombra del bosque húmedo tropical: la hoja de koka enviada por los mamas, tostada a su medida, para ser mambeada y ofrendada; la semilla de cacao, la chonta de palma, la piedra de río, la concha y piedra de mar, la lana tejida bajo la fertilidad de mujer, la semilla, la sonrisa, la palabra, el canto, la sorpresa de ver llegar a los abuelos vestidos de luces, de colores, con traje de aves, mariposas, sapos, hormigas, serpientes sobre los guaduales. Todos atentos y a la espera de la sorpresa, del sabor y olor de las plantas de poder, que gustosamente y en el amor más reciproco de dulzura y disciplina, se logró compartir.

Al final queda la palabra, la imagen, la fuerza del mar, las olas que sacuden nuestros miedos y nos hacen volar. Nos queda la sorpresa de encontrar caminantes y seres semilla, la voz del bosque húmedo que nos empapa con su agua y su barro, que nos regala su llanto de alegría para decirnos que se debe seguir tejiendo como la araña, seguir volando y cantando como el pájaro azul y la mariposa que se posó en la piedra llamada “Arimaka: oído del mundo”. Que se debe seguir siendo semilla para la tierra y palabra bonita, pero decidida como el rayo y el trueno que penetra con su estallido de luz sobre las cuevas de la oscuridad. Todo esto fue dado en la proximidad del solsticio de verano, que en sus gotas de agua nos trajo palabra Quechua de la gente Yanakuna Mitmak: “Minka” de trabajo comunitario, “Gaira o Kaira” de rana, y cuantas otras palabras que estarán amándose entre corazones y tierra Arhuaca.

Prodigio de la sorpresa del ir y venir de nuestra gente, del compartir la semilla y la palabra, del salir del Ombligo del Mundo, atravesando en canoa los confines y la magia, y luego refundar en la memoria de la piedra y el agua la continuidad del canto y la vida misma. Prodigio alimentado por los sueños y la magia, de un ave que nos fue llevando hacia el amor del bosque. No hay duda que si sabemos mirar hacia atrás, encontraremos las propias huellas estampadas en arcilla; y si sabemos mirar hacia delante, encontraremos la luz que nos permite seguir fortaleciendo, la luz ancestral ante la oscuridad. “Estamos floreciendo, estamos floreciendo”, dicen los pájaros que se aman desde la arboleda, “solo nos queda seguir en vuelo permanente hacia la inmensidad”.

A: cada uno de los seres con los que jugó la sorpresa.


Wiñay Mallki / Fredy Chikangana
poeta y oralitor indígena del Cauca